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SABIN ETXEA, OBJETIVO DE LAS BOMBAS NACIONALES

También el 25 de septiembre, una bomba estratégicamente dirigida a Sabin Etxea, ocasiona desperfectos de escasa consideración en las dependencias de la casa y un enorme socavón en la calle.

Por motivos de seguridad, las oficinas del EAJ/PNV se trasladan al nº 41 de la Gran Vía bilbaína, edificio propiedad de la familia Sota, donde la actividad aumenta de forma considerable.

El 1 de octubre de 1936 las Cortes republicanas se reunirán para debatir el Estatuto de Autonomía de Euzkadi, Manuel de Irujo entra a formar parte del Gobierno Vasco de la República.

El Estatuto aprobado por unanimidad fue promulgado por Ley el 6 de octubre. El día siguiente, en la Casa de Juntas de Gernika, José Antonio Agirre es elegido Lendakari del primer Gobierno Vasco.

Poco durará el autogobierno en Euzkadi. A mediados de junio de 1937 el ejército sublevado entra en Bilbao.

Muy certeramente describió el Lendakari la situación con esta frase:

"El territorio habrá sido conquistado: el alma del pueblo vasco, no; no lo será jamás".

Sobre Sabin Etxea se cernían los más sombríos momentos de su breve, pero intensa existencia.

EL TRASLADO DE LOS RESTOS MORTALES DE SABINO ARANA

El 27 de abril de 1937, día siguiente del trágico bombardeo de Gernika, se congregaron en el cementerio de Sukarrieta varios dirigentes nacionalistas con la intención de exhumar los restos de Sabino Arana, para evitar que la tumba fuera profanada por las tropas franquistas en su incontenible avance.

Entre los quince asistentes al acto se encontraban Juan Ajuriagerra, Doroteo de Ziaurritz, Lucio Artetxe, Ceferino de Jemein, Manuel Sainz de Taramona, etc... Tras jurar solemnemente guardar secreto de lo acontecido allí, los restos del "Padre de la Patria vasca" se introdujeron en una urna de zinc y ésta a su vez en una caja de madera. También depositaron un tubo de cristal con un acta de lo ocurrido aquella noche, firmada por todos los presentes.

Todos creyeron que los restos fueron a parar a la casa natal del Beato Garikoitz en Ibarre (Benabarra), pero aquí sólo llegaron en una segunda caja unos pocos fragmentos que posteriormente se trasladaron a Betharran.

Lo cierto es que la mayor parte de los restos de Sabino Arana fueron sepultados en el panteón de la familia de Manuel Sainz de Taramona, en el cementerio de La Herrera, en Zalla.

La operación se llevó a cabo en absoluto secreto, entre los pocos conocedores de la misma estaban Juan Ajuriagerra, Doroteo de Ziaurritz y Lucio Artetxe. Al fallecer los dos últimos, Ajuriagerra se lo comunicó a otros dos dirigentes nacionalistas, de manera que siempre hubiera personas de confianza que conocieran el paradero de los restos mortales del fundador del nacionalismo vasco.

Con la llegada de la democracia y superados los difíciles momentos del golpe militar de 1981, se estimó oportuno que sus restos descansarán de nuevo en Sukarrieta.

Así el 18 de diciembre de 1988, acudieron al cementerio de La Herrera varios dirigentes nacionalistas acompañados por un notario para que levantara acta de lo que sucediese. Tras verificar que los restos pertenecían a Sabino Arana, se lacraron y de nuevo se depositaron en el nicho. El traslado definitivo a Sukarrieta se realizó, con la mayor discreción posible y sin que transcendiera a la opinión pública, el 1 de enero de 1989.

Años más tarde con la puesta en marcha en Artea del Archivo Histórico del Nacionalismo, la Fundación Sabino Arana recuperó un sobre que sólo podía ser abierto, una vez fallecidos sus iniciales destinatarios (Ziaurritz, Ajuriagerra y Unzeta), por el Presidente del EBB. Este sobre contenía todos los detalles de aquella doble exhumación.


-fin de texto / fin capítulo-

siguiente capítulo: ocupación franquista - tiempo de infamia