X.- FRENTE AL NACIONALISMO ESPAÑOL

El segundo artículo del número 25 de Bizkaitarra denunciado fue "La bandera española", (1) que se publicó con el antetítulo de "La escuela en Bizkaya".

Se trató en el mismo, una vez más, de la cuestión del nuevo sistema de enseñanza existente en Bizkaia tras la abolición del ordenamiento foral, y, más concretamente, lo que sin duda fue motivo de la denuncia, sobre la bandera nacional española.

Cuya presencia había sido impuesta legalmente después de 1876 en todas las escuelas vascas y argumentada a sus alumnos con una canción que Sabino de Arana no se resistió a reproducir y ridiculizar en Bizkaitarra con su característica ironía.

Himnos y banderas, serían desde estas fechas objeto de polémica y conflicto en el País Vasco, por ser representación y símbolo de dos proyectos nacionales diferentes: el español y el vasco.

"LA ESCUELA EN BIZKAYA
LA BANDERA ESPAÑOLA

El español no pierde ocasión y medio de destruir en nuestra Patria el espíritu de nacionalidad.

No se ha contentado con que nuestras escuelas sean españolas y se enseñe la Doctrina Cristiana a los niños euskeldunes en un idioma que no entienden, y se les obligue, con la salvaje tiranía del anillo a olvidar la lengua de sus padres, pretendiendo así borrar de sus tiernos corazones todo afecto a las dos partes de nuestro santo lema Jaun-Goikua y Lagi-Za´ra: ahora trata de inculcar en su pecho el patriotismo extraño con que quiere sustituir al que les es natural, y al efecto se lo define mostrándoles la bandera española y se lo impone obligándoles a venerarla y adorarla.

Cierto es que esa orden de colocar bandera española en las escuelas durante las horas de enseñanza, es general, pues a ello viose precisado el Gobierno español cuando advirtió en la guerra de Melilla que sus soldados huían ante el riffeño como alma que lleva el diablo, sin que Margallo consiguiera evitar el pánico de sus tropas por más que, lleno de vergüenza e ira, los amonestara por la integridad de su patria y por su bandera nacional; pero también tenemos por seguro que habrá cien escuelas en España donde aún no se haya cumplido la citada orden, mientras que en Bizkaya, a algunos Ayuntamientos, faltóles tiempo para ello, y ya hoy no hay un pueblo que pueda exceptuarse, antes bien pudiéramos citar escuelas donde diariamente se izan nada menos que tres banderas.

Y para que se vea el ridículo afán con que se aplica la mencionada orden, y se conozca al propio tiempo la ilustración del magisterio maketo, vamos a trasladar los versos o cosa parecida con que los niños de las escuelas bilbainas saludan y dan culto todos los días al trapo rojo-gualdo que les dicen ser la enseña de su Patria.

Cántanlos con una música tan detestable como la letra, y que es seguida de la marcha real de España.

Helos aquí:

"¡Qué grande y qué hermosa

Es nuestra bandera

Flotando a los vientos!

Sigamos en pos.

De la patria la enseña

Su historia nos cuenta:

Amémosla siempre

Con fe y vivo amor.

En Roncesvalles,

En Covadonga,

Siempre gloriosa,

Siempre quedó:

Ella condujo

A altos valles

La santa enseña

Del Redentor."

¡Aguanta!

Aquí de los ripios pedagógicos que pudieran servirle para otro libro al crítico español consabido.

Vamos que aquello de ser grande y hermosa la bandera española flotando a los vientos, es cosa que huele, y no a ámbar. Puede que así esté en carácter, porque sea de esa naturaleza la atmósfera maketa.

Sigamos en pos

Vestidos de ros

Y suelte una coz

El poeta atroz.

Los versos siguientes, que los entienda el magisterio maketo:

De la patria la enseña

Su historia nos cuenta:

¿Cuál será aquí la que cuenta, qué la cosa contada, y esa historia será de la patria, de la enseña, o de los vientos de la tercera berza?

En Roncesvalles,

En Covadonga,

Siempre gloriosa,

Siempre quedó.

No habrá patria aquí, ni entenderá de métrica el poeta pedagógico; pero lo que es, de historia... tampoco sabe una palabra. Pues cosa que está al alcance de los desgraciados discípulos a quienes les hace aprender disparates semejantes, es que en Roncesvalles, y mejor Orreaga, que está en tierra nabarra, no fueron los españoles, sino los euskerianos los que cayeron sobre las tropas de Carlomagno, y que ni entonces se conocía en España ese trapo rojo-gualdo, ni menos en la época de la legendaria batalla de Covadonga, pues no fue bandera española hasta fines del siglo VI. Será el autor de aquellas cosas, del infinito número de los que creen en las fazañas de Bernardo del Carpio y en que los huesos de buey alemán que profanamente reposan en la Catedral de Burgos son los restos del Cid.

Ella condujo

A altos valles

La santa enseña

Del Redentor.

Conducir a altos valles, conducir es: tanto como conducir a bajas montañas.

Por la segunda de estas últimas coles, se adivina además, que el pedagógico poeta debe de ser de la región más torera de España, pues de otra manera no se comprende cómo podrá evitar el hiato que hay en a altos sin dejar coja la berza: tendrá, pues, que decir a haltos o a hartos valles, con h aspirada. Pero eso, no es enseñar castellano a los niños, sino caló, y creemos que no se ha decretado aún que sea éste en Bizkaya el lenguaje oficial del dominador.

Por lo demás, eso de que España condujera a las tierras americanas (que son sin duda a las que se refiere el desdichado poeta pedagógico) la enseña del Redentor, nos parece bastante inexacto pues no creemos que la bandera española, ella por sí, condujera allende los mares más que inmoralidad, miseria y muerte: lo que sí hizo fue someter ignominiosamente a los pueblos libres, robarles sus riquezas y causar en sus ánimos muchas veces un profundo aborrecimiento a la religión del criminal conquistador. Difundir por medio de las armas la religión, será muy propio de la mahometana, pero es procedimiento vedado en la de Cristo. Para predicar esta sacrosanta religión, se va como fue al Japón San Francisco de Jabier: sin más armas que la Cruz.

Como ven los lectores, no puede ser más garrafal el himno pedagógico maketil con que en nuestras escuelas se saluda a la bandera española; pero es, por lo mismo, el más adecuado para cantar las glorias de la misma."


(1) Arana, S.: Op. cit., pp. 566-569. (N. del e.) ÙVolver