Xiii.- LA NECESARIA UNIDAD

El último número del periódico Baserritarra, el dieciocho, se publicó el 29 de agosto de 1897. A partir de este momento, y con la excepción episódica de la fase nacionalista del diario El Fuerista, el Partido Nacionalista Vasco no volvió a contar con un órgano de prensa hasta el 4 de junio de 1899, cuando apareció el primer número de El Correo Vasco.

En su número 8, fechado el 11 de junio del mismo año, apareció el artículo que se edita a continuación, con el título de "Regeneración". (1)

En el Sabino de Arana hace un llamamiento a la necesaria unidad de los vascos en todos los órdenes de la vida social, cultural y política de cara a conseguir su regeneración nacional.

Previniendo lo que sería en el futuro y aún hoy en día uno de los mayores obstáculos a la hora de desarrollar el proceso de construcción nacional que entonces iniciara.

"REGENERACION

El pueblo vasco ayer libre y feliz, hoy despojado de cuanto constituye su felicidad, es el que con mayor motivo debe pensar en su regeneración.

Y así como otros pueblos, para regenerarse necesitan enterrar su carácter frívolo, que les hace soñar en fiestas y jolgorios cuando debieran entonar fúnebres cantos a su desgracia; olvidar su historia llena de fábulas y visiones inverosímiles, y reformar sus costumbres, opuestas a todo lo que signifique amor al orden y al trabajo; y después de enterrado, olvidado y reformado todo lo dicho, crear un buen sistema de educación e instrucción y aguardar a que la juventud, por el nuevo sistema educada, se halle en edad de regenerar a su país, el pueblo vasco no necesita ni enterrar su carácter, por ser serio y formal el que tiene; ni olvidar su historia, siendo como es ella ejemplar; ni reformar unas costumbres que, por lo ordenadas, son admiración de propios y extraños.

No, el pueblo vasco, el verdadero, el genuino pueblo vasco, no necesita esas regeneraciones, punto menos que imposible de conseguir, con que sueñan hoy otros pueblos; sólo necesita regenerarse en un punto, en punto al conocimiento de lo que fue antes y de lo que hoy es; sólo necesita penetrarse de aquellas palabras que el oráculo de Delfos escribió para que sirvieran de enseñanza al hombre:

Nosce te ipsum

Cuando todo esto suceda, cuando aprenda su historia propia y sepa quiénes son sus enemigos y cuáles las armas que emplean para dominarle, el divide y vencerás no dará aquí ningún resultado. Entonces no se frotarán las manos de gusto los asesinos de nuestra dicha ante el cuadro terrorífico de luchas encarnizadas sostenidas por extrañas políticas, ni ante los reconcentrados odios creados bajo los pliegues del pendón casero de un cacique; pues inflamados todos por el amor santo a las seculares instituciones de este pueblo tan ejemplar en su historia, poco nos importarán políticas que en nada nos atañen, y penetrados del verdadero carácter del vasco, poco maleable y demasiado duro de espinazo, difícil les sería a esos novísimos dioses del campanil servirse de los hombres cual si fueran mansos borregos obedientes a la voz del gañán que los guía.

Así como Napoleón el Grande pedía para dominar al mundo dinero, dinero y dinero, el Pueblo Vasco necesita para recuperar lo perdido unión, unión y unión. No dirija los ojos a otros pueblos en demanda de auxilio, ni espere de nadie favores. Su felicidad está en la unión de sus hijos. No importa que esta unión sea por el pronto deficiente; con ella vendrá más tarde o más temprano, la unión de las inteligencias y de los corazones. Aislados nos destrozarán, unidos nos tendrán cuando menos respeto. No olvidemos aquellas tan repetidas palabras: la cola de un caballo se arranca con facilidad tirando sucesivamente de cada uno de sus pelos, mas no hay hombre que la arranque de un tirón.

Agrupémonos todos bajo una misma bandera, fundemos sociedades puramente vascongadas, escribamos periódicos vascongados, creemos teatros vascongados, escuelas vascongadas y hasta instituciones benéficas vascongadas. Que todo cuanto vean nuestros ojos, oigan nuestros oidos, hable nuestra boca, escriban nuestras manos, piensen nuestras inteligencias y sientan nuestros corazones sea vascongado. A un concepto antivascongado contestemos con cien vascongados y alcemos nuestra voz con objeto de ahogar la que pregone el enemigo concepto. Hagamos por despejar la atmósfera insana, que ahora respiramos y saturarla después de vascongadismo para que nuestros hijos al venir al mundo respiren ambiente vascongado y nosotros, al abandonarlo, nos llevemos, en nuestro prostero aliento, la fragancia de ese puro ambiente, que será el beso maternal con que nos despida Euskeria agradecida.


(1) Arana, S.: Op. cit., pp. 1.673-1.674. (N. del e.) ÙVolver