| XiV.- LA PARTICIPACION EN LAS INSTITUCIONES |
| Sabino de Arana desde el inicio
de su actividad política optó por intervenir en todos los foros donde se decidieran
cuestiones que pudieran afectar directa o indirectamente a los vascos.
Como consecuencia, se presentó a las elecciones para la Diputación Provincial de Bizkaia que se celebraron en 1898, resultando elegido el 11 de septiembre al obtener 4.545 votos por el distrito de Bilbao. A pesar de lo radical de su discurso, no se planteó criticar a esta institución desde fuera, sino que lo hizo desde dentro, participando en el juego político entonces existente. Acomodándose a la realidad. Y a una legalidad vigente a la que no reconocía ninguna legitimidad, al considerarla impuesta por la fuerza tras la derrota militar sufrida por el Pueblo Vasco en la última Guerras Carlista. Derrota e imposición que tan intensamente se sintiera en su familia. Sabino de Arana, a pesar de la imagen de hombre irreductible e intransigente del todo o nada que en ocasiones se ha pretendido ofrecer de él, fue desde un principio un utópico terriblemente pragmático. El 14 de mayo de 1899 se realizaron elecciones municipales. El P.N.V. concurrió a ellas, consiguiendo por primera vez cargos municipales. El ayuntamiento de Bilbao contó a partir de entonces con concejales nacionalistas vascos, que lograron cinco puestos en las elecciones parciales. Otros cinco se obtuvieron en Bermeo y varios más en Arteaga y Mundaka, donde se consiguió el primer alcalde nacionalista. El 1 de julio tomaron posesión los concejales nacionalistas bilbainos, y Sabino de Arana planteó así en El Correo Vasco, (1) ese mismo día, las directrices que debían seguir los nuevos ediles del Partido Nacionalista Vasco. "LOS NUEVOS CONCEJALES Hoy, 1º de julio, tomarán posesión de su cargo, según lo dispone la ley española, los concejales ultimamente elegidos en Bilbao, y con su entrada en el Ayuntamiento se reanudará para el pueblo la eterna esperanza de una nueva era, era de rectitud y bienestar. Entre os electos los hay de varias fracciones políticas y de diversa manera deseados. Los liberales se presentan como continuadores de una obra ya conocida y juzgada por todos; el del comercio, anulado por la insignificancia del número; los socialistas, con el estigma de sus opiniones; los nacionalistas, mirados con curiosidad por unos, con preocupación por no pocos, con enemiga por muchos, y con esperanza que es certidumbre, por los que en su elección intervinieron y son con ellos en las ideas. Grandes y soberbias cosas esperamos, en verdad, de los concejales nacionalistas. ¿No son ellos acaso representantes y mandatarios del pueblo, de un pueblo de verdad, que no se vende, que no se entrega a la amenaza, que rinde adoración a la tierra originaria y por la cual y en su solo beneficio se sacrifica y padece en sus intereses? Con sus ideas, con las ideas nacionalistas, ¿no va acaso encarnado en ellos la rectitud y la justicia, rectitud para la administración de los bienes del pro-común, justicia para las aspiraciones de sus administrados? Si se compara la concordancia habida entre las ideas puras y las ideas aplicadas de todas las agrupaciones políticas que actual y anteriormente han existido y existen en Bilbao; si se examina el perfecto acuerdo que entre la práctica y la teoría de partido ha dominado en otros Ayuntamientos; si a todas las tendencias se sujeta a la ley fatal de similitud entre lo que se predica y se ejecuta: el nacionalismo, que ha rechazado de sí el egoísmo, que ha huido siempre de los medios ruines, sea cualquiera la importancia del fin, y que jamás se ha negado a sí mismo, es imposible que sea desmentido en los mismos que por primera vez lo representan en el municipio. En ellos vemos, por consiguiente, un seguro contra el cohecho, una garantía para la justicia y una barrera alzada enfrente de los seculares abusos de la casa de la villa. En los que por primera vez son eco del pueblo en el Ayuntamiento de Bilbao, en el de Bermeo, en el de Arteaga, en el de Mundaka y otros, creemos y esperamos: creemos en su rectitud, en su honradez, en una marcha franca y decidida hacia la instauración, solidificación y perfección de lo que fue y nunca debiera haber dejado de ser; esperamos en el resultado de su obra, esto es, en la detención de la ola de miserias y pequeñeces que estaba a punto de ahogarnos. Con los concejales nacionalistas, entra en el Ayuntamiento algo de grande: entran la verdad y la fe. LOS CONCEJALES NACIONALISTAS Ayer tarde a las seis, y citado por un B.L.M. del Alcalde de esta villa, señor Alonso de Celada, celebró con éste una entrevista el señor Zarauz, uno de los cinco concejales nacionalistas que han de entrar a constituir el nuevo Ayuntamiento. El señor Alcalde preguntó al señor Zarauz, si él y sus compañeros pensaban asistir a la sesión inaugural de hoy, y le manifestó que ya entre los demás concejales habían sido designados los que habían de desempeñar las tenencias de Alcalde, excepto la octava y última que quedaba reservada para los nacionalistas. El señor Zarauz, por su parte, y en nombre de sus correligionarios, le declaró al señor Alcalde: 1º, que juzgan les corresponde en justicia una vara con la presidencia de una Comisión, pero bien entendido que, aunque se la concedan, este acto no ha de obligarles a reciprocidad de ningún género; 2º, que renuncian a la octava tenencia y sólo han de aceptarla por fuerza, esto es, caso de que la votación lo decida, pero que tampoco por esto han de obligarse a reciprocidad alguna; y 3º, que asistirán hoy a la sesión inaugural, respecto de lo cual nunca han vacilado, pero que los cinco votarán en blanco. El señor Alcalde quedó autorizado por el señor Zarauz para comunicar estas declaraciones a los demás concejales. Por último, el concejal nacionalista manifestó al señor Alcalde que él y sus correligionarios van al Ayuntamiento sólo por obedecer la voluntad del cuerpo electoral y que en este concepto, su único propósito es el de trabajar, dentro del estado de derecho actual y de la legalidad vigente, por la recta administración del Municipio bilbaino y por contribuir con un justo régimen del mismo, al bien general de Bizkaya y de todo el Pueblo Vasco; que quienquiera que en este sentido intente algo en el Ayuntamiento, los tendrá siempre a su lado; y que por esta razón, podrá vérseles apoyar unas veces la proposición de un liberal o socialista, otras la de un carlista o integrista, otras apuntarse de todos, puesto que ellos no llevan otro fin que el de tratar las cosas y resolver los asuntos conforme a justicia, sin fijarse en quién sea la persona que presente la proposición. Nosotros sólo hemos de añadir que esto es lo que desea y ansía, y esto lo que espera de los señores Arana (don José María), Azaola, Larrinaga, Meabe y Zarauz el pueblo de Bilbao; encareciéndoles a los demás señores concejales sigan este camino del deber y de la justicia, que es el único que dignifica a los hombres, y el que a los sujetos revestidos de autoridad les exige el pueblo que para ejercerla los ha designado. |
(1) Arana, S.: Op. cit., pp. 1.699-1.701. (N. del e.) ÙVolver |