XIX.- EL TELEGRAMA AL PRESIDENTE ROOSEVELT

El siguiente artículo de Sabino de Arana que se incluye en esta antología apareció el 8 de junio de 1902 en el periódico nacionalista La Patria, con el título "Desde la Prisión". (1)

Está escrito, como muchas de sus obras, en la cárcel de Larrinaga, a la que había sido llevado por haber intentado dirigir un telegrama al Presidente de los Estados Unidos de América felicitándole por haber concedido la independencia a Cuba.

Telegrama que, como se especifica en el texto, decidió enviar personalmente y sin contar con la opinión de nadie más del P.N.V., amparándose en su condición de "fundador del nacionalismo". Condición que, unida a su fuerte personalidad, hay que reconocer que hacía difícil en la práctica la "democratización" del Partido Nacionalista Vasco, propugnada por el grupo liderado por Ramón de la Sota.

En el siguiente texto Sabino de Arana defendió el envío del telegrama y, una vez más, los derechos nacionales vascos. El poder del Estado no era, ya a estas alturas, ni mucho menos indiferente a su actividad política, y decidió actuar contra él con todos los medios legales a su alcance.

Sabino de Arana no encontraba ya únicamente comprensión a sus ideas en su hermano Luis y sus más cercanos amigos, como pocos años antes. Ahora era Diputado provincial de Bizkaia y en favor de su libertad provisional se reunieron en poco tiempo 9.000 firmas.

A pesar de lo cual, las gestiones en tal sentido realizadas en Madrid fracasaron, a pesar de argumentarse lo delicado de la salud de Sabino de Arana, a quien comenzaban a apreciársele los síntomas de la enfermedad de Adisson. Los encargados de presentar las firmas ante miembros del Gobierno español tuvieron que escuchar frases como "La tranquilidad de España bien vale la vida de un hombre" o "Será más gallardo para él que muera en la cárcel".

El proceso al que Sabino de Arana alude en el siguiente texto fue más que un proceso contra su persona un proceso contra el nacionalismo vasco. En el que tanto él como su causa, por el jurado popular, resultarían absueltos.

"DESDE LA PRISION

Estoy procesado y en la cárcel desde el 30 de mayo, sin que se me admita fianza para quedar en libertad provisional hasta que se vea la causa.

Que lo estoy, lo saben muchos ya. Lo que la mayor parte ignora es el porqué.

Algunos periódicos han dicho que porque he telegrafiado á Washington, pidiendo la intervención en pro de la independencia del pueblo vasco. Si el seso tuviera enfermo, como muchas veces se ha dicho, sí que sería esto verosímil. Recuerdo que hace siete años me preguntó un juez al procesarme. ¿Es cierto que pretenden ustedes hacer la guerra á España para alcanzar la independencia? ¿Cómo puede V.S., le contesté, imaginarse semejante cosa al ver que los llamados separatistas somos tan pocos y faltos de dinero? Aquel juez no me tomó por loco.

Otros periódicos, que porque he atentado contra la integridad de la patria. No sé á qué patria se refieren. Indudablemente que á la mía; pero si me consideran español, no entiendo cómo podrían explicar el que sea antipatriota quien desde su mocedad está consagrado al patriotismo; y si conceden que no soy español, ¿cómo podrán calificar mis actos de atentatorios á la integridad de la patria, refiriéndose á España con este nombre?

Y alguno de Madrid, uno que se divierte jugando con la honra del prójimo, uno que se dedica á ridiculizar las cosas más santas y á zaherir á las personas religiosas, se ha servido honrarme colocándome al lado de éstas, al hacerme blanco de su sátira más feroz y aplicarme este no rebuscado calificativo: miserable criminal. El buen hombre ha querido hacer un chiste, y la bilis se lo ha impedido. Empieza su comentario con aquellas palabras y concluye diciendo, á modo de proposición, que mi locura se curaría radicalmente en el delicioso clima de Fernando Póo. ¿No es gracia?

Resulta, pues, que no se ha dicho con exactitud por qué estoy aquí.

Pues bien: con el próvido derecho natural que toda humana criatura tiene á defenderse cuando se le acusa y más cuando se la calumnia sin reparo, voy á exponer el porqué de estar procesado y en prisión, ese porqué tan mal interpretado por unos, tan maliciosamente tergiversado por otros, tan ignorado por la mayoría. El exponer el hecho suele ser en cualquier causa judicial el primer paso para la defensa: para mí constituirá defensa suficiente y sobrada. Tanta es la evidencia de su impunibilidad.

Con el carácter de fundador del nacionalismo y del partido que lo sustenta, y creyéndome, por él, en situación de poder interpretar con fidelidad los deseos de cuantos vascos siguen aquella bandera (que hoy, por fortuna, son ya muchos), concebí sin consultarlo con nadie, la idea de enviar á Roosevelt, con motivo de la proclamación de la independencia cubana, un cablegrama, y una vez redactado, encargué copiarlo y despacharlo á un amigo, el cual atentamente así lo hizo, depositándolo en telégrafos.

Ha dicho la prensa que en el cablegrama felicitaba, en nombre del partido vasco nacionalista, á los Estados Unidos por haber hecho libre á Cuba, libre de toda dominación. Y en ello ha estado exacta. Y bien: ¿no ha felicitado el mismo gobierno español, por la misma causa, á la citada Antilla? Si yo me hubiera referido sólo á la independencia de ésta respecto de España ¿cuándo hubiese enviado el cablegrama á Washington: ahora ó cuando Cuba se hizo libre de España; pasando á ser dominio de los Estados Unidos?

Se ha dicho también que en el cablegrama pedía á esta Federación intervenga en favor de la independencia de la nación vasca. Pero esto es inexacto: lo que decía es que si Francia y España, naciones latinas cuyo poder acata y obedece hoy la nación vasca, (2) usaran con ésta de tanta magnanimidad como los Estados Unidos han usado con Cuba, que era dominio suyo, la nación vasca también sería libre. Y ¿hay cosa más evidente? Y ¿no son muy dueñas, Francia y España de hacer lo que las plazca? Pretender negarles este derecho sí que sería atentar contra su integridad política, contra la plenitud de su soberanía interna.

Lo que también añadía es que las naciones latinas no son capaces de imitar tanta magnanimidad. ¿Quizás puede ofenderlas esta apreciación? Y ¿qué les vamos á hacer? Es un juicio filosófico-histórico mío y no habrá poder humano que pueda apearme de él, porque es dificilillo darle al discurso del prójimo la forma que uno quiera. Las operaciones del entendimiento no las legislan los hombres: es algo más chico el poder que tienen éstos.

Algunas otras afirmaciones contenía mi cablegrama que no han sido tomadas en consideración por nadie, tales como éstas: que la nación vasca es el pueblo más antiguo de Europa, es decir, que habita un suelo que le pertenece como á primer ocupante; que esta nación, que en su mayor parte (la que es hoy España) no ha perdido su independencia hasta el segundo cuarto del siglo XIX, ha gozado de ella, por tanto, durante más siglos que otra alguna; é indicaba también que, como España y Francia quisieran imitar la generosidad de los Estados Unidos, otorgando al pueblo vasco la libertad omnímoda de que se le privó, no tendrían que someterle, como aquella Federación ha sujetado á Cuba y sujeta aún á Filipinas, á un ensayo de capacidad para gobernarse, legislarse y administrarse recta y honradamente y con libertades internas mucho más acabadas que las que poseen las mismas Francia y España, pues conocidas son allí donde la historia se estudia y ponderadas han sido en varios centros de cultura y civilización de ambos continentes (citaba á los mismos Estados Unidos) las instituciones políticas y civiles, la organización social y la administración económica de los antiguos estados vascos.

Y aquí, una cosa hay que notar en la actitud que, respecto de la existencia, la naturaleza étnico-política y las pretensiones de los vascos, observa la prensa española o hispanófila en cuantas ocasiones adecuadas se le presentan: calla como muda, y si habla por descuido, descubre un despecho y una indignación vascófoba que revela que su común silencio es efecto del odio que le merecemos y conjuración tácitamente acordada por todos los periódicos de aquella clase.

Que en el país vasco un partido, ya hoy fuerte al occidente, que aspira á la independencia de su pueblo; (3) que éste, actualmente, pertenece en parte á Francia y en mayor parte á España; que ese pueblo vasco, atendida su naturaleza étnica, es, en efecto, más distinto del español y del francés que lo que éstos lo son del ruso; que en la historia y hasta fecha relativamente moderna fué independiente, dividido en varios estados... todos estos hechos son reconocidos por todos los autores y que ninguno de mediana erudición se atrevería á negar, y aquel primero, el de la existencia de determinado partido, es hecho conocido por toda la prensa: pues ello no obstante, y á pesar de que algunos de los periódicos alardean de gran información y sólo á ésta están consagrados, ninguno de ellos lo consigna expresamente, y cuando es caso de darlos como supuestos, lo hacen tan á regañadientes, que en vano tratan de disimular los unos la aversión que sienten hacia nuestra raza y los otros la indiferencia con que miran nuestras cosas, comparadas con otras que por naturaleza no son nuestras.

Que esos hechos tienen alguna importancia, es indudable desde el momento que tanta repugnancia les da á los aludidos periódicos el hablar de ellos, que tanto enciende el afirmarlos, las iras de los políticos de Madrid y que tantas multas, procesos, encarcelamientos, etc., etc., han merecido en pocos años los actos con ellos relacionados.

Y no es menos indudable que esos hechos pertenecen á la historia, la etnología y la geografía política y que todo periódico bien informado debe dar razón de ellos.

¿Por qué, pues, tanto afán en ocultarlos? ¿Por qué tanto empeño en que permanezcan ignorados aquí, allende el Ebro y sobre todo fuera de la Península?

¿Es que bastaría fuesen conocidos, para que en todas partes se le reconociera al pueblo vasco con títulos suficientes para pretender de España y Francia el retorno á su independencia, constituyéndose en confederación? Motivos da la prensa para sospecharlo.

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Queda expuesto clara y llanamente el porqué de mi prisión, y téngalo presente el lector, por si algún periódico tiene la desdichada ocurrencia de seguir faltando á la verdad.

Ahora daré á conocer brevemente otros hechos consiguientes al del intentado cablegrama, por la misma razón de haber sido ocultados por unos periódicos y falseados, y ya que ninguna relación tienen con el sumario de mi proceso.

Quise protestar ante los Sres. Juez y Fiscal de haberse detenido mi telegrama, alegando que, no estando, como no estamos, en tiempos de censura, no me parecía legal ese acto, puesto que el telegrama es un documento privado, lo mismo que una carta, y tanto, que los telegrafistas prestan juramento de guardar secreto absoluto acerca del contenido de los telegramas. Pero se me contestó que no era pertinente la protesta.

Reclamé la devolución de las ciento sesenta y cuatro pesetas con quince céntimos, que había importado el cablegrama, puesto que éste no había sido despachado. Pero se me contestó que tampoco esta reclamación era pertinente.

Ahora, una pequeña observación de sentido común respecto del objeto de mi no admitida propuesta.

Lo que la autoridad gubernativa ha hecho con mi cablegrama deteniéndolo antes de ser despachado, es exactamente igual á lo que suele hacer en tiempo de previa censura gubernativa, deteniendo el número de un periódico antes de ser publicado. En este caso, no hay proceso para haberle, era preciso que el periódico hubiera llegado al público, que es lo que ocurre cuando no hay censura previa, en cuyo caso la función gubernativa se reduce á certificar haber recibido dos ejemplares.

Y yo pregunto: puesto que se me ha detenido el cablegrama antes de despacharlo ¿por qué se me procesa? Si se pretendía procesarme ¿por qué no se le permitió el curso al cablegrama?

La autoridad ha conseguido todo: primero, que el telegrama no llegue á Roosevelt; segundo, procesarme.

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Con fecha 3 remití á la Excma. Corporación Provincial un oficio en el cual le comunicaba hallarme en prisión, le trasladaba un extracto del auto de mi procesamiento, me sinceraba ante S.E. de los tres fundamentos en que el auto se basa para dictar mi prisión sin admisión de fianza, le daba cuentas del buen trato que recibo en la cárcel y le expresaba mi gratitud por la comisión que con carácter oficial me había enviado el 31 para ofrecerme su protección.

Respecto de este último punto, trasladaré lo que decía en mi escrito:

"... en este escrito, cuya remisión tuve entonces la oportunidad de anunciarles (á los comisionados), creo oportuno reproducir el criterio y los deseos que me permití entonces manifestarles. Son á saber:

1º Que siempre he considerado compatible con la propia dignidad el servirse de los derechos ó recursos que la ley vigente concede para recabar la justicia, tal como, por ejemplo, el que el procesado otorga de pedir la libertad provisional. Pero que siempre igualmente he entendido que el pretender el interesado ventajas semejantes por medio de recomendaciones é influencias, es reconocer tácitamente que hay en sí alguna culpabilidad.

2º Que habría de recibir agradecido, por cortesía, cualquier acto que en beneficio mío realizase expontaneamente V.E. por su propia iniciativa. Pero que el solicitarlo yo, sería también á mi juicio declararme más ó menos reo del delito de que se me acusa."

También decía, respecto de lo mismo:

"Sólo ruego á V.E. no reciba este escrito como voz de queja ó súplica de amparo. Si alguna vez justamente soy perseguido, no debo quejarme, pues toda la justicia procede de Dios. Si injustamente se me persigue, no doy tanta importancia al juicio de los hombres, que haya de cifrar en su favor mi dicha y que, por ser blanco de sus iras, haya de sentirme desgraciado y en el caso de prorrumpir en quejas. Si hoy (aunque sea, inconscientemente, como lo deseo) se me persigue por acto que he ejecutado movido por sed de justicia y proponiéndome el reino de ésta, hoy es cuando debo juzgarme feliz".

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El día treinta y uno de mayo, cinco días después de la detención del cablegrama, al siguiente de entrar yo en prisión, un periódico parisiense, el diario La Patrie, daba la noticia de que el Presidente Roosevelt había encargado al embajador de los Estados Unidos en Madrid (residente en Bia´ritz) pida explicaciones al ministro de Estado; agregando el periódico francés: este asunto tendrá probablemente consecuencias.

Así nos lo informó El Noticiero Bilbaíno del 2, no agregando por su cuenta comentario alguno.

Los demás de la localidad permanecieron mudos: ni comentarios, ni la noticia siquiera. De los madrileños, sólo uno de oposición se descuidó en hablar, mejor dicho, en trinar alarmado: pero luego calló en absoluto.

Todos hemos convenido en que hay silencios elocuentes.

¿Lo será éste? ¿Será cierta la noticia que dio La Patrie?

Allá lo veremos.

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Lo que es positivo y me consta á ciencia cierta, es que un gran número de bizkainos desean abandonar la condición política de españoles, para hacerse ó súbditos de Inglaterra ó ciudadanos de los Estados Unidos, según cual sea la potencia que más ventajas de libertad y de justicia les ofrezca, y, para vivir en esta península, más protección de sus personas y sus bienes les otorgue.

Muévense á ello por dos razones principalmente: porque el gobierno español, con una naturalidad admirable, suspende los derechos ó garantías que á los súbditos de España concede la constitución, donde y cuando ello le parezca el medio más expedito para hacer prosperar sus planes políticos ó para ahogar alguna voz del pueblo que se le antoje desafinada; y porque, aún en tiempos normales, los tribunales españoles están, en lo político, al servicio del gobierno, de suerte que al perseguido injustamente no le queda más esperanza de justicia que aquella que todos tenemos en la de ultra-tumba.

Es seguro que ese propósito alarmante de los aludidos vascos, se ha de afirmar más, como llegue á realizarse cierta acción judicial que el público rumor anunciaba estos días y que con un hecho escandaloso perpetrado ha poco en esta villa se relaciona.

Pero, al ver cuánta falta nos hace que los vascos patriotas puedan usar de los derechos que la ley española les concede, á fin de no abandonar al enemigo las posiciones que de ese modo podamos ocupar en nuestra tierra, yo les recomiendo vivamente á aquéllos tengan calma y paciencia todavía y esperen que las circustancias varien. Siempre tendrán tiempo de realizar su indicado propósito cuando la paciencia se les agote.

Es verdaderamente particular que los españoles no den con otro sistema de gobernar que el del fusil y la prisión.

Cuba y Filipinas les demostraron pretensiones de cierto grado de autonomía: y ellos les contestaron con el Mäusser... y dejaron de ser dueños de Cuba y Filipinas en absoluto.

Nosotros, los vascos nacionalistas, una cosa bien sencilla y justa pedimos: que la misma ley española se cumpla, permitiéndonos poner en ejercicio los derechos que por la misma nos pertenecen, y no persiguiéndonos por encima de la ley y contra justicia.

Pues ni esto se nos concede, resultando que somos súbditos de España para las obligaciones y no somos ciudadanos de ninguna parte del mundo en los derechos.

Dígaseme si ésta es situación que pueda soportarse por mucho tiempo; quiero decir: si los oprimidos no han de decidirse á trocar legalmente, la ciudadanía española por otra que les conceda derechos.

ARANA - GOIRI

Cárcel de Bilbao 5-VI-1902.


(1) Corcuera, J. y Oribe, Y.: Historia del Nacionalismo Vasco en sus documentos, III, pp. 384-389. (N. del e.) ÙVolver

(2) Empleo aquí el nombre de nación en su sentido más estricto de conjunto de familias procedentes de un origen físico común y próximo, análogas entre sí y distintas de las demás por sus caracteres morales y físicos. Es un término etnológico, no político, como es el de estado. La nación es producto de la naturaleza; el estado es obra de los hombres. Ningún hombre puede cambiar de nación aunque quiera. A ningún vasco puede hacersele de nación española o francesa ni a tiros de cañón: como ningún español o frances podrá jamás ser vasco. ¿Por que? Porque España y Francia son naciones latinas, y el vasco no es latino, sino... vasco. En cuanto a estados, ya es otra cosa. Los vascos los tuvieron antes suyos propios: hoy los unos pertenecen al estado frances; los más, al español. Si lo político se adoptara a lo natural, si la distinción de estados se atuviera a la distinción de naciones, entonces es claro que la nación vasca constituiría estado independiente del francés y del español. Queda explicada la palabra. ÙVolver

(3) ¿De qué manera, por qué medios? ¡Quien puede concretarlos! De la manera y por los medios, indudablemente, que revelen sus actos exteriores, únicos en que puede conformarse con la legalidad o quebrantarla, únicos a que puede alcanzar la ley: porque la mera profesión de ideas no es legislable ni, por tanto, pensable. Es claro que, entre los procedimientos que pudiera excogitar, uno es ese de recabar de Francia y España concedan de buen grado al pueblo vasco, imitando la magnanimidad de los Estados Unidos para con Cuba, la independencia que para él mismo solicita el mencionado partido: procedimiento final bien conforme con la constitución española y la francesa, como lo son con la primera los procedimientos iniciales de intervenir en las elecciones, publicar escritos que no se aparten de la legalidad, asociarse con arreglo a la ley, y cuantos hasta el presente ha puesto en práctica dicho partido a esta parte del país vasco. El día que se promulgara una ley que dijera: todo anarquista y todo vasco nacionalista queda privado, por el hecho de serlo, de los derechos que a todo súbdito español conceden las leyes de reunión, de asociación, de imprenta, de elecciones, etc.; entonces muy legalmente, quien tal se declarara ante la autoridad, incurriría en delito tan pronto como escribiera en público, ingresara en alguna sociedad, se reuniera con sus amigos... o pretendiera salir de casa y andar por la calle. ÙVolver