XX.- PRAGMATISMO

Los ataques y persecuciones que sufrieran los nacionalistas vascos desde que adquirieran relevancia y peso político por parte del Estado español eran cada vez más graves. Las continuas clausuras, multas, prohibiciones y prisión, hicieron ver con claridad a Sabino de Arana que, además del sufrimiento que producían, que él experimentara el primero, podían llegar incluso a invalidar o anular los resultados de su actividad política. Lo que, a diferencia del padecimiento de penalidades, ponía en cuestión el sentido de ésta.

Tras constatar esta realidad, la naturaleza de su respuesta no dejo de asombrar ni a sus enemigos ni a sus propios compañeros de partido. Ya que propuso desde la cárcel de Larrinaga en la cual se encontraba preso, con el artículo titulado "Grave y trascendental", publicado en el semanario La Patria el 22 de junio de 1902, la creación de un partido político nuevo que, acatando la legalidad vigente y la soberanía española, aspirase a la felicidad del País Vasco, restaurando de su pasado lo bueno y a la vez compatible con la unidad del Estado español. Proyecto para el que pedía la colaboración de todos los que hasta entonces le habían apoyado, si bien él había decidido, tras la constitución del nuevo partido, retirarse de la vida política.

En el artículo que se publica a continuación, aparecido en La Patria el 6 de julio de 1902 con el título "Aclaraciones", (1) Arana continuó desarrollando los principales argumentos del nuevo proyecto.

La controversia que éste suscitó, entonces y posteriormente, ha dado origen a numerosas polémicas e incluso fundamento a las líneas más pragmáticas y posibilistas del nacionalismo vasco. Lo cierto es que el mencionado proyecto no llegó nunca a culminar en algo concreto. Nombrando el fundador del Partido Nacionalista Vasco para sucederle al frente del mismo a un hombre como Angel de Zabala "Kondaño", el cual, por su conocido independentismo, parecía claro que no desarrollaría lo que se ha dado en llamar "evolución españolista" de Sabino de Arana.

De todas formas, no corresponde dilucidar en esta antología si la novedad respondió a un auténtico cambio ideológico o a una táctica política forzada por la situación de persecución que sufrió el nacionalismo vasco al comenzar el siglo. Considerando además que los textos que aquí se recogen aportan los suficientes datos y elementos de juicio como para que sea el lector quien se forme su propia opinión.

"ACLARACIONES

El Sr. Arana-Goiri, a quien por deferencia a que nos creíamos obligados, dimos a leer los originales de los dos artículos que preceden, antes de mandarlos a caja, nos los devuelve con la siguiente carta, que viene a aclarar algunos de los conceptos que en aquéllos se vierte.

Sr. Director de LA PATRIA.

Bilbao.

Muy señor mío y amigo: La primera impresión que me ha causado la lectura de los artículos originales La evolución se impone, de Atxur, y Adelante, sin firma, que con fina intención, que agradezco, me ha entregado V. antes de imprimirlos, ha sido de verdadera satisfacción, por ver cómo hay vascos a quienes preocupa lo que, realmente, es de extraordinaria trascendencia para nuestra patria Euzkadi y se interesan para que sea puesto en práctica pronto y debidamente.

Pero al devolver a V. dichos escritos, no puedo menos de acompañarlos de algunas observaciones que hechas a manera de advertencias amistosas, pues como compatriota y amigo las hago, espero no han de molestar a sus autores, pues seguramente conocerán mi carácter de modo que, aunque el estilo sea seco y enjuto, no lo atribuyan a sequedad de corazón, sino a la rudeza con que están marcados los perfiles de la idea. Al mismo tiempo, como quiera que de las emitidas en los citados artículos participarán probablemente con sus autores, muchos otros vascos, a todos podría esta mi carta servir de aclaración del pensamiento ya público, aunque todavía pendiente de condición, de renunciar al nacionalismo y acatar, aun para el fin, la soberanía española.

Si nos fijamos, un poco no más, en el artículo La evolución se impone, hemos de leer que lo que el partido nacionalista trata de cambiar, no es su finalidad política, sino los procedimientos o medios a ella encaminados. No es posible, sin embargo, que su autor haya querido decir esto, porque no es esto lo exacto. Por el contrario, el cambio de que se trata afecta a la finalidad política, no a los medios o procedimientos: no al camino, sino al término a que por él nos dirigíamos.

El nacionalismo aspira, como a término o fin exterior y político, a la independencia del pueblo vasco, del cual dos antiguos estados obedecen al poder francés y los otros cuatro la soberanía española. Pues bien: según el pensamiento de que se trata, el partido que ha proclamado esa política renunciará ya a ella, aspirando a que los estados vascos que de hecho son españoles, reconociendo y acatando en derecho esta anexión o agregación suya a España, alcancen dentro de esta situación de derecho, dentro de la unidad del estado España, la mayor felicidad moral y material que alcanzar puedan.

Por tanto, según el pensamiento de referencia, el partido vasco nacionalista dejaría de serlo, para transformarse en vasco españolista. He aquí como habría renunciado a su fin para aspirar a otro sustancialmente diverso. Sólo el sujeto, el conjunto de personas que constituyen el partido, permanecería; el objeto, la idea política, habría sido reemplazada por otra de naturaleza opuesta: porque vasco nacionalista y vasco españolista no se puede ser a un tiempo.

Veamos si habría este cambio en los medios o procedimientos, en el camino excogitado para llegar a la realización de la idea final, sea ésta cual fuere.

El partido nacionalista, bien convencido de que vive en dominios de España (pues para ello bastábale tener ojos), siempre, desde su primer momento de existencia, ha caminado hacia su fin por las vías legales (pues para no hacer otra cosa bastábale tener sentido común). ¿Cuáles han sido esas vías legales? La de escribir en público sin infringir la ley vigente, la ley española; la de asociarse con arreglo a la misma ley; la de reunirse con la misma conformidad legal; la de trabajar en las elecciones con todos los requisitos de la ley; y la de administrar en las corporaciones dejándose las ideas políticas a la puerta y sujetándose con rigor a todos los preceptos legales.

¿Que ni aun así nos han consentido resollar? Bien, y ¿qué? ¿Ha sido por los procedimientos? No, sino por el fin: no por los actos que hemos ejecutado, sino por los internos deseos y las íntimas ideas que hemos manifestado o han pretendido descubrir por adivinación en telegramas, etc.

¡Si porque nuestros procedimientos y nuestros caminos han sido siempre legales, precisamente se ha hecho tanta propaganda de nuestra causa al perseguirnos! ¿Nos la hubiesen hecho persiguiéndonos con justicia? Seguro que no.

Si hubiéramos delinquido ¿estaríamos sanos? Evidente que no. El huracán varias veces se ha desencadenado furioso contra nosotros; pero si no ha devastado nuestro campo, ha sido por haber hallado la resistencia del delito. Los tiros se han dirigido con toda intención y con todo tino; pero no es posible hacer blanco donde no existe más que en los deseos y en la imaginación de quien los dispare. (Aquí sí que viene a pelo la psicología.)

Ahora bien: el partido nacionalista, cuando, cambiando, no de casaca, como vulgarmente se dice, sino de deseos e ideas, de corazón y de cabeza, se trueque en españolista ¿empleará otros procedimientos que los señalados como seguidos mientras ha sido nacionalista? ¿Podrá caminar hacia su fin, ya entonces españolista, por otras vías que no sean las legales de España?

Solamente un procedimiento podrá poner en práctica que, cuando ha sido nacionalista, no le hemos visto emplear: el de los mitines. Pero ¿es esto cambiar de procedimientos? No ciertamente; es sólo añadir uno legal a los otros que ya usaba y eran de este mismo carácter. Si, siendo nacionalista, no lo ha puesto en juego, no ha sido, pues, porque en sus procedimientos no admitiera más que ilegales, sino porque no le ha parecido oportuno servirse de él, el partido mismo sabrá por qué.

En resumen: el pensamiento reformador de que se trata no afecta a los procedimientos o medios, sino al fin o término político a que se camina. El partido nacionalista de hoy, sin variar de sujeto ni de medios de acción, renunciaría a su finalidad, que es el nacionalismo, y se haría rigurosamente españolista.

No sé qué nombre pueda tener este cambio: no hallo ninguno adecuado: sin duda será porque, como ya dije en otra ocasión, es un fenómeno completamente nuevo y original en la historia de los partidos políticos, y las cosas cuya existencia no se conoce, no tienen nombre. Pero el acontecimiento, el presunto hecho, es ese que queda descrito.

Así como el artículo La evolución se impone hace relación al fondo mismo del pensamiento o plan de reforma que nos ocupa, el intitulado Adelante refiérese, por su parte, a la forma de llevarlo a la práctica.

Esto anotado, diré que el autor de este segundo escrito se aventura de tal modo en proponer el procedimiento que haya de observarse para llevar a término el proyecto, que si de otros colaboradores de LA PATRIA imitaran su ejemplo, tendríamos sobre el tapete un buen número de pareceres acerca de ese punto, sin que nadie estuviese autorizado para preferir uno de ellos o rechazarlos todos, o sin que, al menos, se atreviese a tomar determinación alguna, por temor de disgustar a los autores de las proposiciones que desestimase.

Creo aventurado, en efecto, el proponer ya, como en Adelante se propone, que los buenos vascos, los que estén conformes con el plan de que se trata y dispuestos se hallen a secundarlo con todas sus fuerzas, se pongan desde luego a pensar en la constitución de la junta regional y las provinciales.

Si alguien, por si mismo, se adelantara prestándose a formar parte de una u otras ¿con que títulos lo haría? Sería preciso pidiera a su vez, para este objeto, a los demás un voto de confianza. Entonces nos veríamos en el caso de trabajar tantos votos de confianza, además del que en mi favor se está trabajando para estudiar el proyecto y ponerlo en práctica, como fuesen los que así se ofreciesen a intervenir en la dirección del partido.

Si, por el contrario, fuesen los mismos inscriptos para formarlo (suponiendo sea posible se reunieran para tomar acuerdo) los que eligiesen a determinadas personas para colocarlas desde luego, siquiera fuese interinamente, a la cabeza del proyectado partido, ¿cómo el nombramiento podría ser práctico, si aún se desconoce la organización que ha de tener éste y no se sabe qué juntas ha de haber ni cuál será el cometido de cada una de ellas? Para hacer una casa, es preciso conocer las necesidades y los gustos de quien va a habitarla, adaptándola a unos y otros: aquí, la cosa se amolda a la persona. Mas para hacer el nombramiento de persona con destino a un cargo directivo, es preciso conocer en qué consiste éste para luego buscar la persona que reúna condiciones para poder desempeñarlo cumplidamente: aquí, al cargo se acomoda la persona. ¿Cómo, pues, es posible hacer hoy por ningún nombramiento de ese carácter, si aún se ignora qué cargos ha de haber y que funciones habrán de corresponder a cada uno?

No nos precipitemos. Llevemos con orden y método el pensamiento a la práctica: así nuestra obra irá bien cimentada y concienzudamente hecha, y podrá resultar firme y duradera.

De lo que al presente se trata es de saber si la mayoría de los nacionalistas me otorgan su voto de confianza al objeto ya conocido. Ese voto de confianza significará: 1º, que en principio están conformes conmigo para hacer que el partido nacionalista deje de ser esto y empiece a ser españolista; 2º, que a mí (como autor del pensamiento y ya que para nombrar una comisión sería preciso reunir una asamblea previa, que, a su vez, por alguien tendría que ser convocada, ordenada y presidida) me encomiendan la labor de redactar el proyecto de programa y el de organización, y el cuidado de convocar la asamblea que ha de examinarlos y fijar el orden en que ha de celebrarse.

Tan pronto como la mayoría de los nacionalistas me diese ese voto de confianza, sería ya un hecho el acuerdo del partido para reformar sustancialmente su política, y entonces publicaríamos un manifiesto haciendo a todos los vascos el llamamiento a esta nueva liga.

Esto no obsta para que desde ahora vayan dándome a aquel segundo fin su voto de confianza (si me creen merecedor de él) todos los vascos, sin distinción de procedencia política, esto es, hayan sido nacionalistas como no. Con ello ganaríamos no poco tiempo.

Ahora bien: para organizar y dirigir la inscripción de adhesiones, bastaría que una persona residente en Bilbao y que fuese de mi confianza se prestase a hacerlo por sí o en compañía de otro u otros (cuantos menos, mejor, porque en estas cosas de organización y acción el sistema debe ser militar, o sea, monárquico), encargándose de ejecutar ese trabajo en toda la región vasca: Nabarra, Gipuzkoa, Alaba y Bizkaya. Esa persona o esa comisión nombraría en cada provincia un director u otra comisión directora, la cual a su vez, en cada pueblo, encargaría del cometido a una persona de su confianza. Ésta, por último, nombraría en su pueblo los subalternos que le fuesen precisos en las poblaciones mayores, por ejemplo, uno por distrito. Así el trabajo quedaría dividido y subdividido en forma conveniente para realizarlo holgadamente y con brevedad.

Los directores o las comisiones directoras de las distintas categorías tendrían a su servicio los escribientes necesarios para la correspondencia y para la inscripción de las adhesiones, anunciando con profusión en la prensa los sitios donde se recibieran éstas y el modo de presentarlas. Y además de estos sitios fijos, en muchos lugares sería conveniente poner escribientes ambulantes, encargados de recoger la inscripción a domicilio.

La organización es, pues, bien sencilla, y sólo es preciso para llevarla a la práctica un poco de sentido de orden y otro poco de actividad.

Mas entretanto no se anuncie cuál sea la dirección general de toda la región, no conviene se mueva nadie para hacer su adhesión.

Es preciso tener calma, sin perder el entusiasmo y la confianza: no nos movamos a impulsos de impresiones del momento, desistiendo de propósitos ya formados, sino mantengamos éstos con firmeza de vascos, esperando el momento oportuno para exteriorizarlos.

No es hacer pronto las cosas lo que se debe procurar, sino hacerlas bien.

De V., señor Director, servidor y amigo en Jel.

ARANA-GOIRI

Cárcel de Bilbao, 4 de julio de 1902.

UNA CARTA

Con fecha 4 de los corrientes dirigió el señor Arana-Goiri al señor Director del periódico semanal Euskalduna la carta siguiente, de la cual aquél nos ha remitido copia para su inserción.

Sr. Director del semanario Euskalduna.

Bilbao.

Muy Sr. mío: Agradezco a V. en lo que vale la adhesión que en el número último presta su semanario a mi proyectado plan, en los siguientes términos:

"Si lo que se quiere es la reintegración de las libertades y derechos de Vizcaya en la forma y modo por nosotros expresados desde el primer día, cuéntese con nuestro concurso."

Desde luego puedo adelantarle que el programa que, llegado el caso, yo redacte, ha de diferenciarse sustancialmente de los varios que, con el carácter de fueristas, autonomistas o regionalistas ha conocido hasta el presente nuestro pueblo vasco: pues de ser idéntico en sustancia a alguno de ellos, estaría de más hacerlo. Celebraré que, de llevarse a la práctica el plan, satisfaga a V. el programa que, visto el proyecto que yo presente, acuerde adoptar la asamblea de quienes me honren con su voto de confianza para trazarlo.

Debo también aplaudir la franqueza con que en el mismo artículo, titulado Donde estábamos, declara V. que su semanario ha sido españolista desde su primer día, puesto que queda, sin moverse en el mismo terreno político al que, según proyecto, va a parar el partido nacionalista al trocarse en españolista. Por tal tuve yo a Euskalduna desde el primer día; pero no así todos mis correligionarios, al ver que en sus páginas aparecían a veces escritos verdaderamente nacionalistas. Hoy a nadie puede caberle duda acerca de su españolismo pasado y presente.

Quedo a sus órdenes en Jel.

ARANA-GOIRI

Cárcel de Bilbao, 4 de julio de 1902.


(1) Arana, S.: Op. cit., pp. 2.180-2.185. (N. del e.) ÙVolver