Vi.- LA INDEPENDENCIA

En el número 15 de Bizkaitarra, publicado el 30 de septiembre de 1894, apareció el artículo titulado "La ceguera de los bizkainos" (1) en el que Sabino de Arana ofreció la visión que el nacionalismo vasco tenía del resto de fuerzas políticas existentes en Hegoalde y, más concretamente, en Bizkaia, a las que define en conjunto como españolistas.

Distinguió dos grupos opuestos, el católico, formado por carlistas, integristas y fueristas, y el liberal, compuesto por republicanos y monárquicos.

A este último grupo le dedicó poca atención, por considerar que eran muy escasos los bizkainos adscritos al mismo, aún reconociendo su importancia entre los inmigrantes, que en su mayoría consideró eran republicanos, y el resto monárquicos, socialistas o anarquistas.

Lo que sería una constante a lo largo de toda su actividad política, que dirigió siempre a los grupos y sectores que más próximos podían hallarse a sus planteamientos, para conseguir integrarlos en el nacionalismo vasco.

"LA CEGUERA DE LOS BIZKAINOS

INDOLENCIA

¡Cuán difícil y penosa es la labor que nos hemos impuesto de soltar la venda que ciega los ojos de los bizkainos!

¡Dichosos aquellos antepasados nuestros que perdieron su vida por mantener incólume la independencia de Bizkaya!

Bien presto diéramos nosotros la nuestra, no ya solamente por la libertad de la Patria, sino porque nuestros hermanos los bizkainos cayeran en la cuenta del enorme parricidio que cometen al abandonar la única bandera patria de Jaungoikua eta Lagiza´ra (Dios y Fueros) para entregarse en brazos de los partidos extranjeristas.

No es que nos arrepintamos de haber acometido empresa tan formidable como es ésta de hacerles comprender a los bizkainos, en orden a la política, que es falso todo lo que hasta ahora les han enseñado y que la verdad está en ciertas ideas o doctrinas que hasta el presente nadie les ha explanado; y que deben comenzar a andar un camino diametralmente opuesto a los distintos que hasta nuestros días han seguido, los cuales son extraviados, aunque por ellos hayan caminado y caminen hombres de virtud y hombres de inteligencia y hombres de saber. No es que nos abrume la pesada carga que hemos echado sobre nuestras espaldas y nos obligue a quejarnos de tanta pesadumbre. No: nosotros acometimos esa empresa, no por pasión momentánea, sino como resultado de muchos años de estudio y reflexión; nosotros nos cargamos sobre los hombros esa pesada labor, porque nos sentimos con ánimo firme para soportarla. Y si algún día la imposibilidad del éxito apareciese a nuestro entendimiento tan evidente como el objeto que se ponga ante los ojos a la luz del día, tal vez entonces desistiéramos de nuestros propósitos, pero sólo entonces; porque nos lanzamos a la lucha dispuestos a no entretenernos jamás en discurrir para averiguar la posibilidad o la imposibilidad de los resultados. Bástenos el ver la justicia del fin y de los medios, para emprender la obra patria con la más inquebrantable resolución. Mas a los muchos bizkainos que no se contentan con que sea justa la causa que defendemos para abrazarla, sino que exigen sea posible su realización, a esos tales debemos decirles que, así como la desunión de los bizkainos la haría imposible, así la unión de todos los compatriotas haría, no sólo posible, más segura la consecución del fin.

No nos quejamos, pues, por nuestros trabajos: nos quejamos por el dolor, por la intensísima pena que nos causa el ver transcurrir días y meses y años enteros sin que los bizkainos rompan la venda que les impide ver su extravío, sin que conozcan la esclavitud de la Patria y reconozcan su único remedio, y más especialmente el considerar que hay muchos bizkainos que, habiendo llegado a comprender la justicia y la bondad de la patria, causa que proclamamos, encógense, no obstante, de hombros y la miran con indiferencia o la examinan por mera curiosidad, si ya no demuestran su ignorancia riéndose de ella como idiotas.

NUESTRA VOZ

Por eso, mientras a nosotros nos quede una mano con qué mover la pluma sobre el papel, no dejaremos de repetir:

¡Bizkainos! Vuestra Patria perece, ya lo veis... y vosotros la estáis matando. No era posible defendierais a Bizkaya contra sus enemigos con otras políticas que la única que se contiene en su historia y en sus leyes y de ellas se desprende; y vosotros, o la habéis menospreciado totalmente para formar en las filas del extranjero, o la habéis corrompido fundiéndola en las de sus mismos dominadores. Tenía vuestra Patria la bandera nacional de Jaungoikua eta Lagiza´ra; y vosotros, ¡insensatos!, la abandonasteis al enemigo de Bizkaya para que la desgarrara y en su lugar enarbolase su propia bandera. Era feliz la familia bizkaina, porque así sus costumbres como las leyes del estado estaban informadas en los principios religioso-morales del catolicismo; y vosotros le habéis dicho que debe olvidarse ya de cosas que pasaron a la historia; que es oscurantismo, que es retroceso desear la conformidad de las leyes y las costumbres con los preceptos de Dios; que sobra en el lema tradicional de Bizkaya la palabra Dios, y debe sustituirse con otra que signifique el ateísmo o liberalismo, importado por el extranjero y corruptor de las sociedades, debiéndose contentar los bizkainos con unos Fueros sin Dios, con unos Fueros que no existen, con un poder sin autoridad, con un cuerpo sin alma, con un monstruo. Establecida estaba en Bizkaya una constitución y unas leyes nacidas en sus mismas costumbres, sancionadas libremente por ella misma y que son la admiración de historiadores y jurisconsultos; y vosotros habéis preferido aceptar una constitución y unas leyes creadas por el extranjero, por el mismo que aborrece a vuestra Patria. Libre e independiente de poder extraño, vivía Bizkaya, gobernándose y legislándose a sí misma, como nación aparte, como estado constituido; y vosotros, cansados de ser libres, habéis acatado la dominación extraña, os habéis sometido al extranjero poder, tenéis a vuestra Patria como región de país extranjero y habéis renegado de vuestra nacionalidad para aceptar la extranjera. Vuestros usos y costumbres eran dignos de la nobleza, virtud y virilidad de vuestro pueblo: y vosotros, degenerados y corrompidos por la influencia española, o los habéis adulterado por completo, o los habéis reemplazado por los usos y costumbres de un pueblo a la vez afeminado y embrutecido. Vuestra raza, singular por sus bellas cualidades, pero más singular aún por no tener ningún punto de contacto o fraternidad ni con la raza española, ni con la francesa, que son sus vecinas, ni con raza alguna del mundo, era la que constituía a vuestra Patria Bizkaya; y vosotros, sin pizca de dignidad y sin respeto a vuestros padres, habéis mezclado vuestra sangre con la española o maketa, os habéis hermanado y confundido con la raza más vil y despreciable de Europa, y estáis procurando que esta raza envilecida sustituya a la vuestra en el territorio de vuestra Patria. Poseíais una lengua más antigua que cualquiera de las conocidas, más rica que vuestros montes, más vigorosa y altiva que vuestras costas, más bella que vuestros campos, y era la lengua de vuestros padres, la lengua de vuestra raza, la lengua de vuestra nacionalidad y hoy vosotros, la despreciáis sin vergüenza y aceptáis en su lugar el idioma de unas gentes groseras y degradadas, el idioma del mismo opresor de vuestra Patria. Era antes vuestro carácter noble y altivo a la vez que sencillo, franco y generoso; y hoy vais haciéndoos tan viles y pusilánimes, tan miserables, falsos y ruines como vuestros mismos dominadores.

¡Bizkainos: Bizkaya perece... y vosotros la estáis matando!

Quizás, cuando nosotros decimos y repetimos esas cosas, no se juzguen sinceras nuestras palabras y se nos tenga por periodistas de profesión o acaso por personas que no aspiren a otra cosa que a la gloria o el lucro. Pero a quienes tal sospechasen de nosotros y de ello nos acusasen, sólo habríamos de contestarles con estas palabras: juzgadnos por nuestras obras.

EL ESPAÑOLISMO EN BIZKAYA

El niño que en 1371 había heredado de su madre el Señorío de Bizkaya, heredaba de su padre ocho años después el Reino de Castilla, viniendo a ser Juan III de Bizkaya y I de Castilla, y resultando así una misma persona revestida de los diversos títulos de Señor de Bizkaya y Rey de España. Este hecho casual, repetido constantemente desde aquella fecha de 1379, por razón del carácter hereditario de ambos títulos, ocasionó un tan continuo roce de la nación bizkaina con la española, que produjo lo que nosotros llamamos españolismo.

Como consecuencia natural de ese roce, en efecto, nuestros padres comenzaron por pensar y sentir como los españoles, alegrábanse con los españoles cuando España alcanzaba alguna gloria, apenábanse con ellos cuando España padecía alguna desgracia, y llegaron de esta suerte a juzgar que Bizkaya era, sí, una región privilegiada y de historia y legislación separadas de las de Castilla, pero región, al cabo, de la nación española.

Desarrollándose paulatinamente este españolismo en el espíritu bizkaino, llega ya en el siglo XVIII a presentarse perfectamente marcado y definido, y a dominar y borrar por completo la idea de nacionalidad a principios del presente, que hoy afortunadamente se acerca ya a su fin.

EL ESPAÑOLISMO EN LAS OTRAS TRES REGIONES

Y esto que vemos en Bizkaya, ha acontecido y acontece, y acaso en mayor escala, en las otras tres regiones de la raza euskeriana dominadas por España. Verdad es que en Alaba y Gipuzkoa han concurrido más causas de españolismo, ya que esos dos estados se agregaron a España por pacto en virtud del cual reconocían como propio de ellos el poder español, y casi venían a ser en lo político provincias españolas; y cierto es que gran parte de Nabarra pertenecía a la España visigoda antes de que ésta fuese devastada por los árabes.

Pero decidles a los alabeses y a los guipuzkoanos: "Vosotros constituíais dos estados perfectamente independientes; por vuestra libre voluntad pactasteis con España vuestra unión, pero de igual a igual de potencia a potencia; hoy España ha quebrantado ese pacto, sometiéndoos; si, pues, conseguís rechazar esa mano opresora, libres, quedáis como lo erais antes de vuestra unión, y os gobernaréis a vosotros mismos; no pidáis los Fueros a vuestro dominador, porque es indigno y cobarde el pedir mercedes a la mano opresora, y porque, esa nación que os subyuga nunca os dará de buen grado lo que os ha arrebatado con tanta saña; tampoco os debe doler la separación, porque no sois españoles por naturaleza." Decidles esas cosas a los guipuzkoanos y a los alabeses, y veréis cómo os contestan: "Nuestra madre Patria es España, a pesar de no haberlo sido antes de los pactos; no nos trata como a hijos, porque lo que era nuestro y solamente nuestro nos lo ha arrancado del corazón destrozándonos el alma; nos trata, no de igual a igual, como pactamos, sino como a esclavos; pero es nuestra Patria, decimos y por esto la amamos tanto, que sólo nos atreveremos a pedirle por favor lo que nos debe en justicia."

Y decidles a los nabarros: "Vosotros, que en gran parte pertenecéis a una raza nunca dominada por el extranjero, formasteis todos unidos un reino independiente, cuando España fue devorada por invasión agarena; el siglo XVI el rey de España os conquistó traidoramente, y desde entonces venís sometidos al cetro español; vosotros tenéis derecho a constituir un estado separado del de España, y debéis constituirlo, porque no es digno que os hagáis partidarios del que os ha esclavizado, y vayáis a mendigar rey a un país extranjero, y pidáis para rey vuestro al que se cree con derecho a serlo por descender del que destronó a los vuestros legítimos y os conquistó." Y los nabarros os hubiesen contestado el año 92, esto es, antes del Proyecto-Ley de Gamazo: "Es cierto que hace tres siglos y medio nos conquistó el español, y que ésta debiera ser razón suficiente para que fuésemos anti-españoles; pero nos gusta tanto el carácter español, nos trata tan bien, que estamos resueltos a permanecer siempre unidos a ellos para gozar de su protección y benéfica influencia; en nuestra tierra, pues, no ha brotado aún la planta separatista: todos somos españolistas, porque nos tenemos por españoles, pues no nos basta ser nabarros; y si hay entre los nabarros monárquicos, muchos que no se avienen con la dinastía actual de España, no es porque quieran algún monarca particular para Nabarra, sino el mismo rey de los legitimistas españoles, el que se cree con derecho a serlo nuestro porque es nieto del que nos conquistó en 1512; el príncipe proscrito D. Carlos de Borbón."

El españolismo está, pues, tan arraigado entre nuestros hermanos de aquende el Bidasoa como entre nosotros.

LOS PARTIDOS ESPAÑOLISTAS

Y tanto lo está hoy en Bizkaya, que no hay partido españolista que no tenga aquí sus prosélitos.

En dos grupos opuestos pueden dividirse todos ellos: el católico y el liberal.

Los principales partidos políticos comprendidos en el primer grupo son los tres siguientes: el carlista, el integrista y el regionalista. El segundo grupo se subdivide en otros dos: el republicano y el monárquico; cada uno de los cuales encierra un buen número de partidos.

EL LIBERALISMO

De los partidos liberales, esto es, del grupo propiamente llamado liberal y del republicano, no diremos muchas palabras, pues que son muy contados los bizkainos liberales o anti-católicos de verdad. Hay muchos que forman en las filas de los partidos liberales; pero la inmensa mayoría ignoran lo que se traen entre manos. Preguntadles qué es liberalismo, y no sabrán contestaros. De todos los liberales que hay en Bizkaya, sean monárquicos o republicanos, muy pocos serán los que lo sean con pleno conocimiento de esas doctrinas (que no puede llamarse convicción, pues en el error no cabe); todos los demás desconocen la política liberal, y sólo la profesan porque tampoco tienen instrucción religiosa.

Muchos de ellos son liberales, porque sus padres lo han sido; y sus padres lo fueron, porque creían que liberalismo no era más que odio a los carlistas. Otros muchos lo son por conveniencias sociales: si hubiese triunfado D. Carlos, hoy serían carlistas.

Respecto de las contadas docenas de liberales que lo son con perfecto conocimiento de los principios y fines del liberalismo, no los echamos de menos: porque quien deliberadamente va contra Dios, mal puede sentir repugnancia, si no es corto de entendimiento, para faltar a la Patria y a las leyes, mientras pueda librarse de la justicia humana.

Pero a los demás liberales, a todos los que lo son meramente de nombre, a ésos sí que los echamos de menos, de ésos sí que podemos decir que deploramos su apartamiento.

Se llamarán, a lo mejor, fueristas; y no caen en la cuenta de que mal puede ser fuerista quien esté afiliado a partido que no solamente es español, pero ni aun aparentemente puede decirse fuerista, pues que no contiene los Fueros en su credo político, ni saben que el partido liberal es esencialmente anti-bizkaino, pues acá se originó en aquella pretensión que a principios de este siglo sostuvieron algunos malos bizkainos de aplicar en nuestra Patria la Constitución española de Cádiz; ni comprenden que no se puede ser a un tiempo liberal y fuerista, porque los principios de nuestro Fuero y los del liberalismo son diametralmente antitéticos y absolutamente incompatibles; ni llegan a entender que en Bizkaya no se puede ser a la vez patriota y liberal, porque nuestro lema patrio, Jaungoikua eta Lagiza´ra, al cual no puede quitársele nada, con su primer término significa que de Dios dimana toda potestad y que las leyes católicas son base de la legislación bizkaina.

Nosotros quisiéramos hacerles ver a esos infelices bizkainos alistados en partidos políticos indignos de ellos cómo, por una parte, es en el seno de la Religión Católica donde se puede gozar de más libertad, más igualdad y más fraternidad; cómo, por otra, detestarían el liberalismo, si palparan las terribles consecuencias de su aplicación en sus padres, en sus hermanos, en sus hijos, en sus más queridos seres; y cómo, en fin, en nación alguna podrían hallar realizados los principios de libertad, igualdad y fraternidad como en esta nuestra Bizkaya, restaurada sobre su tradicional base de Jaungoikua eta Lagiza´ra.

Y ciertamente que no les hará falta el estudiar a ningún autor para conocer la naturaleza del liberalismo: bastaríales con abrir los ojos y dirigir la vista en derredor para formarse un juicio exacto acerca de sus enseñanzas.

¿Queréis conocer la moral del liberalismo? Revistad las cárceles, los garitos y los lupanares: siempre los hallaréis concurridos de liberales; la mayor parte os dirán que son republicanos, porque así comienzan a llamarse cuando ya les va hastiando el liberalismo moderado.

¿Queréis comprender el fuerismo de los liberales, sean monárquicos o republicanos? Contad y examinad a los maketos que invaden el territorio bizkaino: el noventa por ciento son con seguridad liberales; de esos noventa, unos sesenta serán antes de un mes republicanos; los demás, o monárquicos o socialistas, o anarquistas.

¡He ahí la gente que nos viene a predicar a los bizkainos libertad y política republicana!

EL CARLISMO

Pasando a tratar de los tres partidos católicos, los tomaremos por separado y diremos dos palabras sobre cada uno de ellos.

Cuando la nación española, aleccionada en las ideas revolucionarias o liberales, estuvo a punto de olvidar hasta el nombre de su tradición, el español legitimista y tradicionalista, acercando sus labios fementidos al oído del euskeriano, que ya estaba españolizado y no tenía conciencia de su nacionalidad, pronunció estas solas palabras: Religión y Fueros; el trono ilegítimo y los gobiernos liberales, te los han mermado y bastardeado; sólo el rey legítimo y la tradición española podrán restaurártelos. Y el euskeriano entonces se propuso defender una causa extranjera como medio para alcanzar su patria tradición, y dando el brazo al español carlista, lanzóse al monte coreando con el grito de Dios, Patria y Rey, y la gente más sana de Bizkaya se agrupó en torno de esa bandera extranjera, haciendo traición inconscientemente a la suya nacional de Jaungoikua eta Foruak.

Bien pudo el bizkaino haberse desengañado, al ver el falso fuerismo de Carlos V y Carlos VII durante las dos guerras que por su causa mantuvo y al contemplar la manera como ambas terminaron. Pero el carlismo, a fin de no perder el más firme apoyo de sus ideales, confeccionó un solo lema con el legitimista de España y el tradicional de Bizkaya, y estampó en su bandera estas palabras: Dios, Fueros, Patria y Rey; horrible amalgama de las aspiraciones de dos naciones enemigas, de los intereses del esclavo y de su tirano.

Y ¡aún hay bizkainos que no hayan comprendido el burdo engaño!

¿No saben que Bizkaya ha sido siempre independiente de España, que ha constituido siempre nación aparte, y que por consiguiente la política tradicional de Bizkaya no tiene más lema que el bizkaino de Jaungoikua eta Foruak? ¿Que los bizkainos no tienen más Patria que Bizkaya, y ésta se halla sobreentendida en la palabra Foruak o Lagiza´ra, que expresa su independencia e instituciones tradicionales? ¿Que de extender más el concepto de su Patria sólo deben extenderlo a comprender a los estados que como Bizkaya hablan el Euskera, son de nuestra misma raza e idénticos al nuestro en carácter y en costumbres? ¿Que Bizkaya nunca ha tenido Reyes? ¿Que aun los reyes muy católicos de España que a un tiempo han sido Señores de Bizkaya, o han intentado cometer o han consumado casi todos, inicuos contrafueros?

¿No saben que Bizkaya nunca ha estado políticamente unida a España, y que por lo tanto la política tradicional de Bizkaya es muy distinta y muy diferente de la española? ¿Que si los títulos de Rey de España y Señor de Bizkaya concurrieron en una misma persona, fue simplemente porque un Señor de Bizkaya heredó el trono de España, y porque eran hereditarios ambos títulos, si bien el segundo no lo era por ley escrita? ¿Que si esos dos cargos fueron desde entonces desempeñados por una sola persona, nunca por esto llegaron a confundirse, pues correspondían a dos diversas naciones?

¿No saben que la institución señorial puede Bizkaya suprimirla cuando quiera, pues que libremente la creó por conveniencias anejas a determinada época? ¿Que el cargo señorial sólo habría de costar a Bizkaya sangre y dinero? ¿Que el cargo de Señor es ni más ni menos que un empleo del Estado Bizkaino y que sus funciones podrían ser desempeñadas por tribunales elegidos por los pueblos de Bizkaya? ¿Que la institución señorial no es más que una forma de gobierno, y una forma de gobierno simplemente secundaria? ¿Que, por esta razón, no se significa en el lema bizkaino a otro Señor que al que lo es de todas las naciones, al que está en los cielos, a Jaungoikua?

¿No saben, en fin, que Bizkaya, como nación aparte que ha sido siempre tiene su propia política tradicional, expresada en su lema Jaungoikua eta Foruak o Lagiza´ra, y sería indignidad y vileza el solicitar del extranjero otra política? Y ¿no le bastan a Bizkaya para ser feliz la religión expresada en Jaungoikua, y la independencia, instituciones, costumbres, raza y lengua significadas por Lagiza´ra?

Nosotros creemos que, así como los bizkainos liberales se llaman liberales en su mayor parte sin comprender lo que es liberalismo, así también los bizkainos carlistas están casi todos afiliados al carlismo por no conocer que no es ésa la política tradicional, la política patria de Bizkaya. Pero hay sin duda unos cuantos que no son carlistas por fines patrióticos, sino por propias conveniencias; y esos son los que sujetan la venda españolista en los ojos de tantos bizkainos de espíritu recto y corazón patriota.

EL INTEGRISMO

No pasa otra cosa en el integrismo español de Bizkaya. El partido integrista de España es una desmembración del carlismo: dicen sus afiliados que ellos, y no los carlistas, son los que están donde antes estaban, pues que D. Carlos se declaró liberal y ni la persona de D. Carlos, ni su dinastía, ni la forma monárquica estaban comprendidas en lo fundamental y esencial de su credo tradicional; pero nosotros dejémosles a los españoles la resolución del asunto. El caso es que el partido integrista se emancipó de D. Carlos esto nos basta y sobra para demostrar cómo la ceguera de los bizkainos integristas es más grave aún que la de los carlistas: cómo el integrismo español en el bizkaino es menos disculpable que el carlismo.

En efecto: la única razón que pudieran tener los bizkainos para coaligarse con los españoles tradicionalistas, es el ser uno mismo el heredero de los Señores de Bizkaya y de los Reyes de España D. Carlos era, según ellos, el legítimo heredero del trono español D. Carlos, el del cargo señorial de Bizkaya: para hacer triunfar la tradición española y la tradición bizkaina, debían, pues, unirse españoles y bizkainos en defensa del que representaba por sí solo ambas causas: en defensa de D. Carlos. Luego en caso de prescindir de la legitimidad dinástica, desaparecería la razón únicamente alegable para realizar la unión de los bizkainos y españoles tradicionalistas, puesto que a la tradición de los unos ya no le quedaba ningún punto de contacto con la tradición de los otros. Luego cuando los integristas bizkainos se emanciparon de D. Carlos, debieron también emanciparse de los españoles, y resultar puramente tradicionalistas bizkainos, que es lo que son los separatistas o nacionalistas. Tanta razón tienen para unirse a los católicos españoles como a los franceses o alemanes.

Véase, pues, cuánta es la ceguera de los bizkainos.

EL REGIONALISMO

Hay otro partido católico españolista en Bizkaya, si bien se ha ocupado muy poco en definir la base religiosa, a pesar de que se dice fuerista y de que aquélla es esencialísima en los Fueros de Bizkaya.

Él se llama a sí mismo fuerista; pero, como el nombre no hace a la cosa, hemos de decir que no es sino regionalista o autonomista. Aunque autonomía significa independencia, sin embargo, sabido es que la autonomía que en estos tiempos tanto se cacarea, es la autonomía relativa y parcial, la autonomía regional; no la independencia absoluta y total, la independencia nacional. Por eso el partido regionalista a que nos referimos no se llama con propiedad fuerista; porque, respecto de Bizkaya, fuerismo es nacionalismo o separatismo y los Fueros de Bizkaya no son leyes regionales, sino instituciones nacionales.

Originóse ese partido político en la protesta que en Bizkaya motivó la infausta ley del 76. En un principio no hizo más que negar; nada afirmaba. Más tarde, y a medida que en las regiones forales de España iba tomando incremento el regionalismo moderno, que hace bastante caso omiso de los principios religiosos y de la tradición política, fue también él desarrollándose y planteando afirmaciones, que nunca pasaron de ser simplemente regionalistas.

Y para este viaje no hacían falta ningunas alforjas: es decir, para aspirar a un mero regionalismo; para querer que Bizkaya gozase sí de ciertas libertades, pero formando parte integrante de la nación española y obedeciendo al poder común de las regiones de España; para enseñar esto a los bizkainos: no hacía falta ningún nuevo partido, pues que ya el carlista contenía en su política esa menguada clase de fuerismo.

Comprendemos que tal vez se quisiera reunir bajo una misma bandera a los carlistas que no eran propiamente más que amantes del país, con los liberales que no lo eran más que por su odio a los carlistas; y que quizás estorbaban algún tanto las ideas religiosas y se deseara pasarlas por alto para aumentar el número de afiliados. Pero ni es lógico apartar a los bizkainos de unos partidos españolistas para llevarlos a otros; ni los principios religiosos son en el Fuero de Bizkaya cosa de menor cuantía, sino base fundamental y esencialísima.

Afortunadamente, ese partido españolista que nos ocupa está poco extendido en Bizkaya, a pesar de contar ya dieciocho años de existencia; pues casi se reduce a la sociedad que en Bilbao tiene con el nombre de Euskalerria.

Tales son los principales partidos españolistas a los cuales están afiliados los bizkainos, olvidándose de su política patria, de su política nacional, expresada en el tradicional lema de Jaungoikua eta Lagiza´ra, y ayudando de esta suerte a la mano criminal que ha hundido ya el puñal en el seno de nuestra Patria y está despedazándole las entrañas.

LA POLiTICA BIZKAINA

Enfrente de todas estas políticas extranjeristas, está la política bizkaina, el partido nacionalista; el cual despertó hace poco más de un año por la publicación de un humilde opúsculo y aún no cuenta más que con una sociedad en Bilbao y un periódico mensual.

Según esa política bizkaina, habiendo sido siempre Bizkaya nación separada, tiene derecho a reconstituirse libremente conforme a su tradición. Su lema tradicional es Jaungoikua eta Lagiza´ra, significando con la primera palabra el católico fundamento de la legislación bizkaina, y con la tercera la independencia, las instituciones tradicionales esenciales, los buenos usos y las buenas costumbres de nuestros mayores, la raza euskeriana y el Euskera como lengua nacional. A este lema no puede añadírsele ni quitársele nada.

Dado el asentimiento de los demás pueblos euskerianos, a saber, Alaba, Gipuzkoa, Lapurdi, Benabarra, Nabarra y Zuberoa, Bizkaya se confederaría con ellos pues que son hermanos suyos por la raza, la lengua, el carácter y las costumbres.

* * *

¡Bizkainos!

¿Llegaréis al fin a conocer a vuestra Patria? ¿Siempre habréis de rechazar y de pisotear la bandera de vuestros padres que en sus pliegues tiene grabadas estas palabras: Jaungoikua eta Lagiza´ra?

¿Morirá en vuestros días el noble Pueblo que vuestros padres mantuvieron libre y feliz a costa de su sangre?

¿No habéis llegado a comprender aún cuán perniciosa y mortífera es para Bizkaya la política españolista?

¿No os habéis desengañado aún de los partidos españolistas?

Ved al carlista coaligándose en las elecciones con el partido liberal; y decidnos si es capaz de amar a Bizkaya. Ved al partido euskalerriaco fraternizando en las elecciones con el liberal; y decidnos si puede llamarse fuerista. Ved a los partidos anti-fueristas y a esos otros caciques particulares, que quieren enseñorearse de nuestra Bizkaya para prosperar y engrandecerse; y decidnos si es buen bizkaino el que ve estas cosas con indiferencia o aún favorece su nefanda obra.

¡Bizkainos! Aún es hora de despertar; aún es hora de soltar la venda españolista que os ciega, y de reconocer a vuestra Patria...

Pero, si no queréis abandonar esos caminos por donde os llevan los enemigos de Bizkaya; si os obstináis en ayudar al verdugo de Bizkaya; si Bizkaya perece por vuestra indolencia; si vosotros mismos dais la muerte a vuestra Patria... que vuestros nietos os maldigan y os execren."


(1) Arana, S.: Op. cit., pp. 363-373. (N. del e.) ÙVolver