VIi.- LA CUESTION NACIONAL Y LA ENSEÑANZA ESTATAL

El artículo "La protesta pedagógico-maketil" (1) se publicó, el 17 de febrero de 1895, en el número 21 de Bizkaitarra, dedicado casi exclusivamente al estreno de la obra teatral de Resurrección María de Azkue titulada Vizcay´tik Bizkai´ra.

En ella se reflejaron muchos de los nuevos problemas que se su frían en Bizkaia: la imposición del servicio militar, el desprecio, por las autoridades, de la cultura vasca, la imposición de la cultura española por medio del nuevo sistema de enseñanza. La obra fue muy aplaudida por los nacionalistas vascos.

En el artículo "La protesta pedagógico-maketil", Sabino de Arana ironiza y contesta a una carta de protesta de varios maestros por el modo en que su oficio ha sido tratado en la obra.

Aparece en el artículo el término "maketo", de común utilización en Bizkaia antes de la entrada de Sabino de Arana en la vida pública, sobre el cual conviene realizar una reflexión. Numerosos autores y políticos han atribuido a la utilización que Sabino de Arana hace del término un contenido exclusivamente racial o racista, que no cuadraría bien con la opinión que se ha visto que tenía de otras razas que en su contexto eran consideradas con muy pocas dudas como "salvajes" o "inferiores".

Sabino de Arana utiliza el término "maketo" con intención claramente despectiva, de eso no cabe duda. Pero no considerando como "personas racialmente inferiores" a aquellos a los que se lo aplica, como en muchas ocasiones se ha querido suponer. Sino como "personas extrañas", que se han convertido en mayoría en el País Vasco. Y sobre cuya cultura, que se está imponiendo sobre la vasca con el apoyo de la administración del Estado hasta el punto de poner en peligro su supervivencia, también es cierto que denigra e ironiza.

Unicamente en este ámbito se puede admitir que Sabino de Arana hace lo mismo que aquellos a los que se enfrenta: sostener la superioridad moral de su propia cultura. No intentando imponerla sobre la ajena. Sino defendiendo la cultura vasca que agoniza.

Si algún término actual podría ofrecerse como semejante al de "maketo", facilitando así la comprensión de su significado, este sería el de "yankee", utilizado en los países sudamericanos para referirse a los ciudadanos de los Estados Unidos de América. O incluso el de "gabacho", empleado en España para referirse a los franceses. Ya que se emplean, desde un punto de vista nacionalista, para referirse a los miembros de otra nación o comunidad que se considera lesiona o perjudica a la propia.

El término es más sentido y despectivo cuanto mayor se considera el agravio o perjuicio. Y difícilmente este puede ser mayor que el que experimenta una comunidad que, tras una derrota militar, se ve "invadida" en su propio territorio por otra que incluso llega a superarla en número y que cuenta con todo el apoyo de la administración del Estado en la cuestión nacional.

En el artículo que se incluye a continuación, en el que queda patente que Arana no llegó a superar una concepción de la mujer más propia del siglo que le vio nacer que del presente, éste habla además de un tipo de "maketos" muy determinado. No se refiere a las personas que simplemente han venido a Bizkaia para trabajar en la minería o la industria, las cuales solo perjudicarían por su simple y numéricamente mayoritaria presencia y por conservar su cultura propia, y a las que en más de una ocasión reconoce su condición de explotadas por el sistema. Se esta refiriendo a uno de los tipos de "maketos" más odiados, junto a agentes del orden público y militares, los maestros del Estado.

Que eran agentes activos, y, en muchas ocasiones, muy crueles, del proceso de imposición de la cultura española sobre la vasca, ejerciendo esta actividad sobre los seres más indefensos e inocentes: los niños.

Sin comprender este contexto, difícilmente se puede entender, no sólo el texto que se incluye a continuación, sino tampoco lo que ocurría en Bizkaia al terminar el siglo XIX.

"LA PROTESTA PEDAGOGICO-MAKETIL

Pluma en ristre y caladas las antiparras, va un maestro maketo y escribe:

"El presbítero D. Resurrección María de Azcue (no es así, magister: es Azkue) ha escrito una zarzuela que se ha presentado en el Salón-Teatro de la sociedad de esta villa (mal ferida por los maketos) "Patronato de Obreros", en la cual zarzuela (era conveniente distinguir la cual, por si acaso) según la reseña que del argumento de ella (¡Castella!) hacen los periódicos El Basco y La Enseñanza (dirá el primero, porqué el segundo empleó más tijera de sastre que pluma de pedagogo), a fin de que resulte la belleza y aún la sublimidad (¡mucho de dinámica!, ¡hola!) que envuelve (usted sí que anda envuelto en esta parrafada) el hecho heroico de que el mismo padre (¿el padre de quién? ¿Del Patronato, de El Basco, del argumento, de La Enseñanza? Aquí sí que era preciso distinguir la paternidad) sea quien busque y ponga en manos de la autoridad, para que expire su maldad (pues, mire usted, la verdaz, - en sus manos es la pluma - una gran calamidaz), al hijo que comete la acción infame (infame, sí; pero maketil también) de hurtar en la casa del cura, se vale, para contraste, de hacer (éste de que lo entienda Núñez) figurar como instigador a hecho tan reprobable (y tan maketable) del Maestro de escuela (que no era del pueblo del padre y del hijo, ni de sus alrededores, sino de tierra de Toro).

(Filosofemos.) Toda representación teatral parte siempre, o de un hecho cierto, o de un hecho posible (y va a parar si se descuida, a ser el blanco de las iras maketas, de que Dios no la libre). Hasta ahora no ha habido un Maestro de escuela castellano o no castellano (¡crasa ignorancia, buen hombre, si usted cree que erdeldun significa solo castellano), en ésta ni en otra región de España (eso no: no hay que confundir las especies, y a Bizkaya con Valladolid y la tierra de Toro) que haya inducido a un discípulo a que robe (mucho asegurar es; pues mire, nosotros creemos que en Maketania en todas las profesiones hay ladrones) para adquirir dinero (¡canastos!, ¡habráse visto cosa más rara!, ¡robar para adquirir dinero!); y si se tiene presente que cuando un individuo se consagra a la enseñanza (y ¿cuándo se consagra a adquirir dinero?), él mismo se educa y moraliza (¡buena falta les hace a los africanos de esta península!) al educar a otros (maketamente), tampoco podrá haberle en lo sucesivo (¡diablo, qué brinco! Castelar sabe saltar del código civil a la constelación de Andrómeda, pero éste salta más aún; pues deduce lo que es de lo que debe ser. Renunciamos a seguirle).

Seguiremos filosofando. El Sr. Azcue (¡dale con la ortografía maketa!) no ha podido, pues, tomar de la realidad el tipo de Maestro que hace intervenir en su obra (¿ustedes han visto osadía como la de afirmar esto?); tampoco de la posibilidad (¿recribástropos? ¿Ustedes conocen algún Maestro maketo que sea incapaz de imitar a Vives? Yo tampoco. ¿Ustedes han visto más peregrina manera de discurrir? Tampoco yo). Porque sería no ver que si el padre es como el Maestro del organismo, el Maestro es como el padre del alma (¡alma de cántaro! Y ¿quién es el padre de los hijos del Zebedeo?); luego (venga, venga la consecuencia, que ya nos vamos haciendo a todo), o el tal personaje es el aborto (y quedo corto - puede añadir) de una imaginación extraviada (usted sí que descarrila), o le ha inventado con el deliberado (ya me ha cansado) propósito de calumniar (¡txut!) y difamar (¡poca cosa!) a la modesta (¿no hay abuela?) pero siempre digna clase (eso, además) del Magisterio (¿lo dice en serio?).

Por esta razón (toque el violón), como individuos pertenecientes a ella (muy dignos y muy modestos señores míos) protestamos enérgicamente (¡si pudiera usted clavarle el diente!) de que el señor Azcue (¡kállese, hombre) haga figurar en su zarzuela (que por lo que pincha llega a ser una zarzota) un personaje tan inverosímil (del Maestro maketo fiel facsímil) como denigrante (ahora va a hablar el pedante), y a la vez le recordaremos (por no perder la costumbre de enseñar lo que no se sabe) que el ministerio que desempeña le exige que sus producciones literarias deben ir (le exige que deben ir... ¡bien maestro, bien!) impregnadas del suave y dulce aroma que exhala la caridad aconsejada y practicada por el Crucificado (esto de Crucificado es más poético que cristiano; y eso de erigirse de buenas a primeras en doctores intérpretes del Evangelio es tan pedantesco como digno de protestantes).

Y siguen las firmas. ¡Atención!

José Aragón. León de Uruñuela.

Aniceto Gil. Lorenzo de Mújica.

Leonardo Pradera. Santiago de Luzuriaga.

Pablo Martínez de Salinas. Tomás de Mocoroa.

Juan Jiménez. Julián de Iturbe.

Gabriel Miguel. María de Berasátegui.

Antonio Fuentes. Juliana de Aguirrezabala.

Manuel Agustino. Josefa de Gordejuela.

Nicolás Fernández. Francisca de Igarza.

Fermín Lara. Victoria de Lasala.

Melquíades Andrés.

Mariano López.

Marcos Grijalvo.

Inocencia García.

De apellido maketo: 13 Maestros y 1 Maestra, total 14.

De apellido euskérico: 5 Maestros y 5 Maestras, total 10.

Que los primeros hayan protestado con bilis, nada de particular tiene. Maestros maketos son, y a esta clase se refiere la zarzuela bizkaina.

Pero... tampoco. Vamos a cuentas.

¿Quién les ha dado a esos señores riojanos, burgaleses, manchegos, andaluces y demás ejusdem furfuris voto en los asuntos de Bizkaya? ¿Con qué derecho se ponen a legislar en este país que les es extraño? ¿Quién los ha llamado a nuestro hogar para que compartan con nosotros el gobierno doméstico? ¿Quién les ha dado vela en este entierro?

Callen la boca maketa y recogiendo los trastos váyanse con la música pedagógico maketil a cualquiera región de España, a aquella, por ejemplo, que llaman la tierra de María Santísima, donde el cielo es de un azul purísimo y las huertas y campiñas de un delicioso verde, donde se habla el español con gracia y salero, pero donde los Maestros no ven un perro chico en su vida y tienen que hacerse a vivir como el camaleón, bicho indígena de aquel paraíso y antesala de Jauja ( !!! ). Allá podrán protestar cuanto se les antoje.

Pero esto de venirse acá, donde nadie los ha llamado, del jardín o cabinet de Andalucía o de la terrosa y árida Castilla, o de cualquiera otra región más o menos incivil y africana de España, y que luego de ser tratados a pan y manteles, de percibir sueldos como no los prometen en parte alguna de su patria y de cobrarlos con la puntualidad más rigurosa, se atrevan a levantar la voz contra la dada por bizkainos, por hijos de este país, que hablan así en el uso de su derecho porque ven la ruina de su Patria amada, la desaparición del último vestigio del hogar de sus padres... eso es inaudito cinismo y desvergüenza propia sólo de españoles.

¿De quién, si no de los pueblos bizkainos, reciben sus sueldos? Y ese dinero ¿quién lo hace si no es el sudor de las familias bizkainas? ¿No tienen, pues, éstas derecho a intervenir en la enseñanza que se dé a sus hijos?

El bizkaino, bizkaino es. Tiene su religión, tiene sus costumbres, tiene su historia, tiene su lengua, tiene su Patria. . . ¿Quiénes son los maestros españoles para arrancarles religión y costumbres e historia y lengua y nacionalidad, e imponerles las extrañas?

Los padres de los niños euskeldunes, padres son de sus hijos, y ellos, cultivando a fuerza de penalidades y trabajos, la ingrata y dura tierra de este suelo, son los que visten y alimentan a los mentores de sus hijos, a los maestros maketos, sustentando, ¡desgraciados!, al brazo que moral y físicamente destruye a su prole.

¡Oh, perfidia sin ejemplo, pagar con la muerte la generosidad de quien se recibe la vida!

Y ¿qué diremos del repugnante suicidio de los maestros euskerianos que han firmado la protesta de los maketos?

De las maestras no nos extraña hayan caído incautamente en el lazo: al fin la debilidad es innata en la mujer.

Pero, y esos hombres barbados y alguno de los cuales peina ya canas, ¿qué podrán alegar en su defensa? ¡Extravío inconcebible... dar el brazo el maestro euskeriano a quien le arrebata el pan que a él de derecho le pertenece!".


(1) Arana, S.: Op. cit., pp. 494-497. (N. del e.) ÙVolver