IX.- FUERISMO Y NACIONALISMO VASCO

Un mes después de la publicación del anterior artículo, concretamente el 24 de abril de 1895, apareció en el número 25 de Bizkaitarra el titulado "Ellos y Nosotros". (1)

Tanto éste como el titulado "La bandera española", que se incluye a continuación y que apareció en el mismo número, fueron denunciados por el fiscal. El Gobernador civil, antes de conocer esta denuncia, impuso por ellos una multa de quinientas pesetas a Sabino de Arana, cantidad que devolvería a éste al tener constancia de que el asunto había sido llevado a los tribunales. Finalmente la causa fue sobreseida.

En "Ellos y nosotros" Sabino de Arana, siguiendo su táctica de atacar a los partidos políticos más próximos a su ideología para atraerse a las personas pertenecientes a sus bases sociales, se refiere a los fueristas, a los que denomina bizkaínos "maketófilos" o españolistas.

La acusación que realiza respecto a éstos es la de connivencia en todos los órdenes con el proceso de aculturación que se sufría en Bizkaia, no reconociéndoles más intereses que los meramente económicos en su gestión de los cargos provinciales que, tras 1876, habían acaparado los fueristas.

En definitiva, les echa en cara su falta de patriotismo, que no era otra cosa que ausencia de la conciencia nacional vasca que el nuevo partido de Sabino de Arana iba a difundir entre sus compatriotas.

"ELLOS Y NOSOTROS

No somos nosotros solos los que estamos en esta nuestra desgraciada Patria. También están ellos.

Y no sólo están, sino que hoy son ellos los que dominan, y Bizkaya no es de los bizkainos dignos de este nombre.

¿Quiénes son ellos? ¿Son los maketos? No, ciertamente: poco daño podría causarnos la invasión maketa, si los bizkainos no abandonaran la causa de su Patria, para alistarse en los partidos políticos de los maketos poco cuidado nos diera la dominación actual de España, si en Euskeria hubiese cien mil patriotas.

Pues ¿quiénes son ellos aquí en Bizkaya? Los malos bizkainos, los que forman en los distintos partidos de España y fraternizan con los maketos, los que han olvidado la tradición bizkaina y hacen causa común con los enemigos de nuestros antepasados; los que han despreciado, en todo o en parte, la Ley Vieja de nuestra raza, para adoptar la extranjera; los que reniegan de la nacionalidad bizkaina, para hacerse españoles, ciudadanos precisamente de la nación más abyecta de Europa; los que prefieren, ¡insensatos!, ser esclavos del español a ser bizkainos libres; los miserables que no aprecian en nada la sangre derramada por nuestros antepasados para legarnos una Bizkaya libre, y han degenerado hasta el punto de parecer gallegos; los que no solamente no sienten vergüenza en vivir en este siglo de la esclavitud de nuestra Patria, que nunca jamás, desde que el Euskera fue Euskera, había sido sometida por extranjero alguno, sino que coadyuvan a la obra inicua del dominador y le prestan sus brazos en su acción devastadora; los que han apostatado de la fe de nuestros padres y han trocado sus costumbres por las extrañas; los que deshonran su apellido y la sangre de sus venas, y se enlazan con el extranjero que vertió la de nuestros padres, los que, no contentos con extranjerizarse ellos mismos y ser desleales hijos de su Patria, embaucan con mentido fuerismo a sus paisanos, haciéndoles enemigos de sus propios hogares y familias; en una palabra, los bizkainos espurios que nosotros llamamos maketófilos o españolistas; esto es, amigos de los españoles; ésos son ellos.

Esos son con quienes nosotros tenemos que luchar principalmente; no los maketos. Esos son los que, llevando indignamente hermosos apellidos de nuestra lengua dignos de mejor suerte, y aparentando fuerismo, u honradez administrativa, o protección para la industria y el comercio, engañan a los bizkainos sanos, y compran por unas pesetas a los que están ya maketizados y envilecidos, y suman votos para ascender a los puestos de autoridad... ¿para hacer qué? Nada, absolutamente nada por los intereses verdaderamente bizkainos; todo, absolutamente todo por el españolista partido a que pertenezcan, o por los intereses particulares de su amo y cacique, al mismo tiempo que por los suyos propios. Y esto, cuando por españolismo refinado no combatan activa y descaradamente a todo lo que trascienda a bizkaino, o por mala índole no ensucien sus manos al administrar lo que se les haya confiado. Lo menos malo que pueden hacer (y también de esta clase los ha habido) es ejercer el cargo como pudiera hacerlo un maniquí vestido de persona, esto es, sin hacer ni deshacer jamás nada ni decir jamás la más mínima cosa. Sin embargo: el voto se emite la mayor parte de las veces, y hay además omisiones tan transcendentales como el acto de más importancia.

Tal es la clase de representantes y administradores que Bizkaya y sus pueblos todos han tenido desde la última guerra.

Y es el caso que de ahí, de las autoridades, depende de que el pueblo bizkaino vaya precipitándose con movimiento acelerado en la desgracia y a la muerte, o bien consiga la mayor felicidad posible dentro de esta gran desdicha de la esclavitud que hoy padece.

¡Cuántos males no hemos señalado desde que empezó a ver la luz nuestro periódico! ¡Cuántos más ha padecido Bizkaya desde el 76 y sigue padeciendo todavía!

Innumerables.

Y no se diga (como suelen argumentar no pocos en defensa de las autoridades) que la Diputación Provincial y los Ayuntamientos sólo entienden y deben entender en administrar los bienes de sus representados, y no en otro género de intereses.

Falso, rematadamente falso.

Hay mil asuntos que caen bajo la incumbencia de la Diputación Provincial y los Ayuntamientos de Bizkaya; unos, porque la ley española expresamente les concede jurisdicción sobre ellos, otros porque no se la prohíbe ni son de la competencia de otra autoridad. Y asuntos son esos a que aludimos, cuya acertada resolución puede hacer mucho bien a Bizkaya, y que, no obstante, o están desatendidos en absoluto, o son tratados y ventilados en forma muy desfavorable para nuestro pueblo. A nadie se le oculta, por ejemplo, que la Diputación y los Ayuntamientos tienen atribuciones para nombrar sus empleados y fijar el reglamento de los mismos: y a pesar de esto, en aquélla y en el Ayuntamiento de Bilbao hay mayoría de empleados españoles; y cuanto a los otros pueblos, sólo citaremos la villa de Gernika, la cual, cuando creó dos plazas de sereno, nombró para proveerlas a un andaluz y un gallego.

Ahora bien: si hay tantos asuntos de esa clase y si entre ellos, por otra parte, se cuentan muchos de carácter moral, ¿no están obligadas aquellas corporaciones a atenderlos diligentemente? La Diputación Provincial y los Ayuntamientos deben ser para sus representados como un padre para con sus hijos; y así como un buen padre de familia mira en el gobierno de la misma, preferentemente por la parte moral respecto de la económica, así aquellas autoridades deben con preferencia cuidar del orden moral cuya realización siempre es compatible con la recta administración de los intereses materiales, y por decirlo mejor, señal infalible de ella.

Y tanto más evidente resulta esto, cuanto que Bizkaya no tiene, en rigor, por qué contar con otras autoridades. Diputados a Cortes y Senadores, en efecto, no le hacen falta ninguna, como no sea para proteger intereses y capitales individuales a expensas ordinariamente del bien común de Bizkaya. Y por lo que al Gobierno español se refiere y a su representante en ésta el llamado Gobierno Civil, ¿qué otra cosa podrá esperar de ellos nuestra Patria, más que actos propios de quienes nos gobiernan por la fuerza? Si, pues, Bizkaya no tiene propiamente más autoridades que la Diputación Provincial y los Ayuntamientos, ¿quién, sino estas corporaciones, mirará por sus intereses morales?

Por eso es errónea la opinión que muchos tienen de que, para ser digno miembro de aquéllas, basta con ser honrado, entendiendo esta honradez solamente respecto de la acción administrativa. No: no basta con ser honrado en ese sentido estricto, para ser buen Diputado o Concejal. Es preciso además ser patriota, es decir, amar con amor entrañable al pueblo que se rige.

Un verdadero patriota no puede menos de ser honrado en la administración de su pueblo, pero un hombre honrado puede no ser patriota y faltar a sus representados en la esfera de los intereses morales. Y hechos comprobantes de esto que decimos, nos los suministra el tiempo que ha transcurrido desde la guerra a la actualidad: la mayor parte de los Diputados y Concejales que en Bizkaya hemos tenido en esta época, han sido honrados (nadie podrá negarlo) en el orden administrativo; pero ¿ha habido entre ellos algún patriota?

Tres condiciones se requieren para ser digno candidato a Diputado o Concejal: verdadero patriotismo, un criterio regular y alguna más actividad para el desempeño del cargo.

La primera condición, que es la más esencial, les ha faltado a cuantos del 76 a la fecha han resultado electos. No hay excusas, explicaciones ni protestas de patriotismo que valgan. Obras son amores. Al hombre no se le conoce por sus palabras, sino por sus hechos.

Y esa misma condición de patriotismo les falta a cuantos candidatos se presentan en las próximas elecciones.

Carlistas, integristas, euskalerriacos, liberales, sagastinos, chavarristas, republicanos..., de toda casta de españoles y españolistas; pero buen bizkaino ninguno.

El partido nacionalista, que es el de los bizkainos patriotas, continuará por hoy absteniéndose de la lucha electoral.

Pero día llegará en que tendrá que habérselas con todos aquellos maketófilos partidos. No sonará mucho el dinero; pero contará con corazones viriles y generosos.

Contra la unión de voluntades, no hay dinero en el mundo que pueda luchar.

Y venceremos, con el favor de Jaungoikua que nos protege, e iremos ganando paulatinamente las posiciones de que se han apoderado los maketófilos en Bizkaya."


(1) Arana, S.: Op. cit., pp. 560-563. (N. del e.) ÙVolver